
Nadie sabe, nadie supo, lo cierto es que el Presidente Felipe Calderón día a día pierde la imagen presidencial y la sustentabilidad de un gabinete óptimo y propio capaz de manejar todos y cada uno de los asuntos políticos, económicos y sociales que el país exige.
Tenemos a una Secretaría de Gobernación desdibujada, ausente en la participación de asuntos políticos que incumben y son de su injerencia. La participación de Fernando Gómez Mont fue buena mientras duró; lamentablemente, César Nava se la tenía guardada por no ser “cómplice” de las alianzas amorfas y no ser el aval partidista que debía ser. Hoy, su cabeza ha sido cortada y no por la Reina –Beatriz- Roja, sino por la misma política mexicana que no conserva amigos, sino intereses y beneficios.
Lo mismo sucede con una Secretaría de Desarrollo Social, que sus secretarios han cambiado tanto que no sabemos si el actual, Heriberto Félix Guerra, termine por claudicar la labor de enfrentar a la pobreza y la falta de desarrollo de México o que por caprichos políticos, le deje la titularidad a un hombre incapaz de llevar a cabo las funciones encomendadas por el Ejecutivo Federal.
Qué decir de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, Javier Lozano se ha encargado de “trabajar” un discurso apócrifo aludiendo que se han creado más de quinientos mil nuevos empleos en lo que va del año dos mil diez. ¿Y cuántos se crearon en los años de gobierno calderonista? No muchos, ni pocos… ninguno, al contrario se han perdido más de tres millones de plazas fijas y el otro lado de la moneda, el comercio informal crece cada día de manera alarmante.
Ante un Gabinete con tantos cambios, con funcionarios “trapecistas” que buscan su permanencia en vez de prestigio y experiencia, con políticas públicas inútiles e ineficaces para implementar en un país en desarrollo ¿Dónde quedan las propuestas que se definieron en el 2006, y lo peor, dónde queda un plan de desarrollo nacional?
Tantos cambios dentro del gabinete significa que el equipo es malo, que no hay dentro de una estructura un Justo Sierra, un Lerdo de Tejada, un Manuel Gómez Morin, un Gabino Barreda, etc.
Hoy, los grandes se encuentran en la Rotonda de los Hombres Ilustres; aquellos que hicieron de nuestro país prospero, que involucraron su sapiencia para el porvenir de lo que hoy gozamos, de lo que hoy somos. Quisieron ser hombres de valor, comprometidos con su país, dejando atrás sus egos o caprichos personales renunciando a cualquier otro trabajo que no sea México, por eso están donde están.
Es momento de que los hoy Secretarios actúen conforme a la convicción de dejar huella, de dejar historia, que su nombre pese dentro y fuera de la clase política, no como el senador que se volvió diputado para ser gobernador y después secretario, sino un funcionario que actuó a favor de los intereses nacionales y trabajo por querer un México mejor.
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