
Hemos celebrado uno de los acontecimientos más importantes en nuestra historia mexicana, distinguiéndonos ante el mundo que las fiestas y los derroches son lo nuestro. Así lo hicimos con una fiesta célebre y única: doscientos años de libertad y trascendencia jurídica.
Los festejos que el gobierno federal realizó para conmemorar nuestros inicios como época independiente fueron excelsos, vastos y hasta exagerados, pero lo que es cierto es sin duda que en ningún momento se rescato lo que tanto nos hace falta como sociedad: identidad.
Los gastos superaron los millones de dólares para el Festejo del Bicentenario; entre ellos destacan los barcos de papel, carros alegóricos, un coloso y un espectáculo de luces y fuegos capaces de competir con la exageración y exceso burocrático. ¿Y luego? ¿México qué ganó con tanta pirotecnia, luces y sonido y qué nos llevamos como mexicanos? La respuesta es nada. Es lamentable que dentro del espectáculo magnifico y majestuoso no haya salido en él un sentido patriótico, un símbolo de enseñanza y unidad que nos fortalezca como sociedad, como únicos herederos de la historia por la que somos parte.
Hoy más que nunca debemos sentir el orgullo, el espíritu, el unísono, el canto, el poema, las sierras y los mares, el canto del cenzontle, el amor por nuestra bandera y la fortaleza de nuestra sociedad, el baile regional mexicano, la cultura prehispánica, y todo, todo lo que significa ser mexicano nacido de ésta tierra.
Sí, eso es lo que tenía que haber sido presentado por el gobierno federal ante los mexicanos, reflejar un sentimiento y una trascendencia más alla de lo que se presento en el Zócalo o en el Ángel de la Independencia dejando ver que somos más que un Coloso, que miles de nopales festejando un barco de papel o viviendo con títeres el épico paso revolucionario.
Ya superamos los doscientos años y a Aleks Syntek y un futuro milenario, así será hasta noviembre que lleguemos a los cien años de nuestra revolución mexicana donde personajes como Madero, Zapata, Villa, Díaz, fueron símbolos que escribieron para México lo que hoy seguimos buscando y que tras el “cambio” político social vivido se quedo entre el escombro y el olvido… identidad.
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