
Hemos visto en la última década, los cambios y transformaciones que ha tenido América Latina en su modelo de gobierno, si bien es cierto aun el camino es largo, la democracia y la equidad han dado muestra que se puede avanzar y ganar, evolucionar y adecuar pero sobre todo dejar en claro que la ciudadanía es la que importa.
Ante estos cambios y nuevos gobiernos, se vinieron elecciones en los países más evolucionados: Chile, Argentina y Brasil. Estos cambios han dado muestra de madurez y un movimiento político poco usual, ya que estos tres países fueron, están y estarán en manos de mujeres que sin duda dejarán un sello peculiar a su forma de gobernar.
Michelle Bachelet es un ejemplo político donde la distinción de su país quedó en evidencia, su administración mostró signos de fortaleza ante la reciente crisis económica mundial; Chile hoy es un gran país para poder invertir. Su economía y sistema político viene en justa medida a lo que se puede catalogar como “optimo” en AL, sus programas sociales han impulsado al sector más vulnerable y lo rescatable y por lo cual se lleva las palmas fue sin duda que a escasos días de dejar su administración, un terremoto ataco a ese país y ella, hasta el último día no dejo a sus gobernantes en estado de ingobernabilidad.
Cristina Fernández por su parte tiene su centro político muy destacado. Su mentor, amigo, compañero y esposo Néstor Kirchner le inculcó el amor a la política y desde su silla gobierna a un país orgulloso, fuerte y solido. La mancuerna de ambos tuvo como resultado prevenir otra caída económica del país sureño por la cual venia atravesando. Su gobierno ha estado en meollos trascendentales para la vida del argentino, pero sin duda la casta de Cristina y el legado que deja Nestor con ella tendrá que superar los problemas más caóticos de vivir con la política.
Hoy, la sucesora de Lula, Dilma Rouseff se convierte en una más que debe refrendar el gran crecimiento del mounstro verde amazona. Seguir con la política social que Lula dejó y lidiar con las nuevas caras y rostros que significa ser una mujer presidenta. Autoritaria y disciplinada, aguerrida y socialista, la consentida del gobierno actual. Sí, de eso se trata en América Latina, dejar crecer y avanzar, no a favor de los partidos políticos, sino a favor de la sociedad.
Hoy América Latina tiene ya a dos gobernantes mujeres -una en función y la otra electa- que juntas pueden simplemente ser dominantes o dominadas, una mancuerna a favor de sus intereses políticos y porqué no, personales, total, entre mujeres podrán despedazarse… pero nunca hacerse daño.
Ante estos cambios y nuevos gobiernos, se vinieron elecciones en los países más evolucionados: Chile, Argentina y Brasil. Estos cambios han dado muestra de madurez y un movimiento político poco usual, ya que estos tres países fueron, están y estarán en manos de mujeres que sin duda dejarán un sello peculiar a su forma de gobernar.
Michelle Bachelet es un ejemplo político donde la distinción de su país quedó en evidencia, su administración mostró signos de fortaleza ante la reciente crisis económica mundial; Chile hoy es un gran país para poder invertir. Su economía y sistema político viene en justa medida a lo que se puede catalogar como “optimo” en AL, sus programas sociales han impulsado al sector más vulnerable y lo rescatable y por lo cual se lleva las palmas fue sin duda que a escasos días de dejar su administración, un terremoto ataco a ese país y ella, hasta el último día no dejo a sus gobernantes en estado de ingobernabilidad.
Cristina Fernández por su parte tiene su centro político muy destacado. Su mentor, amigo, compañero y esposo Néstor Kirchner le inculcó el amor a la política y desde su silla gobierna a un país orgulloso, fuerte y solido. La mancuerna de ambos tuvo como resultado prevenir otra caída económica del país sureño por la cual venia atravesando. Su gobierno ha estado en meollos trascendentales para la vida del argentino, pero sin duda la casta de Cristina y el legado que deja Nestor con ella tendrá que superar los problemas más caóticos de vivir con la política.
Hoy, la sucesora de Lula, Dilma Rouseff se convierte en una más que debe refrendar el gran crecimiento del mounstro verde amazona. Seguir con la política social que Lula dejó y lidiar con las nuevas caras y rostros que significa ser una mujer presidenta. Autoritaria y disciplinada, aguerrida y socialista, la consentida del gobierno actual. Sí, de eso se trata en América Latina, dejar crecer y avanzar, no a favor de los partidos políticos, sino a favor de la sociedad.
Hoy América Latina tiene ya a dos gobernantes mujeres -una en función y la otra electa- que juntas pueden simplemente ser dominantes o dominadas, una mancuerna a favor de sus intereses políticos y porqué no, personales, total, entre mujeres podrán despedazarse… pero nunca hacerse daño.
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