Hablar de Porfirio Díaz nunca es – ni será- fácil hacerlo, porque el hombre encuadra más que un personaje histórico, a un antes y un despúes de México. El 25 de mayo se cumplen cien años (1911) que el político renuncia a la presidencia por motivo de un levantamiento social lo que originaria en la revolución mexicana.
A cien años del Porfiriato, nos seguimos encontrando en un enfrentamiento como sociedad, en una división entre izquierda y derecha, entre liberales y conservadores, entre cientificos y revolucionarios. Los políticos han querido dejar atrás y no recordar treinta años de existencia de una etapa en la que significó un “orden y progreso” pero a la vez “dictadura y represión”.
¿Qué dejó Porfirio Díaz al país y qué error lo llevó al exilio donde observó que su poder se extinguía al igual que su fuerza? Sin duda alguna el factor que hizo que perdiera la cordura fue la arrogancia y el orgullo propio del político.
Como hombre progresista vasta ver todos los monumentos que en su etapa como gobernante dejó al pueblo mexicano y por mencionar algunos: el Palacio de Bellas Artes, los cimientos de lo que hoy es el Monumento a la Revolución pensando ser sede del Congreso Nacional, el ferrocarril que fue el mayor logro en cuanto a comunicaciones se refiere y por último pero no menos importante el símbolo de la ciudad de México: la victoria alada o el ángel de la Independencia conocido por el Mundo de esta manera.
De su lado político, no cabe discusión alguna de los aciertos y errores cometidos dentro de su mandato de más de treinta años. Sí, su edad comenzaba a pesarle a un militar, estratega, político y progresista, que anhelaba sacar a México adelante, a como diera lugar, pero adelante.
Muchos muertos, muchas heridas, muchos hombres castigados, pero ese era el precio –que él consideraba- para que México pudiera alcanzar los niveles de vida de los paises Europeos, aquellos por los que imitaba sus luces y esplendores para ser parte de la vida social en nuestro país.
Díaz recibió a un país con crisis económica y política. Un descanso entre tantas guerras –internas y externas- merecia un desarrollo y un progreso nacional que Díaz mantenia en marcha acelerando el crecimiento social. Fue tolerante con la religión, lo que Juárez no hizo, fue impulsor del sector salud, preocupandose por las necesidades de higiene y médicas, lo cual consta en el Hospital General y la Castañeda, hospital para enfermos mentales.
Hoy, el desarrollo en el país se encuentra inerme a la luz de las decisiones de los partidos y del Congreso de la Unión, dejando a un lado las reformas que necesitamos para prosperar. Tienen secuestrado aquello que nos fue arrebatado por la Revolución; un “orden y un progreso”. Sí, aun queda mucho por hablar del Porfiriato, una etapa que pide ser recordada no por su personaje sino por su legado que ha dejado en México, por México y para México, aunque eso signifique sacrificar al hombre que le dió vida.
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