Como hace
seis años, las historias pasadas vuelven a convertirse en presente pensando en
resolver el futuro de la democracia.
Hoy,
conocemos que Enrique Peña Nieto es el presidente electo y posiblemente, si el
Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación así resuelve… nuestro
gobernante por el periodo de seis años. El problema radica en que su llegada al
poder y a la silla presidencial no fue del todo sana, y menos aplaudida como se
pensaba.
Andrés
Manuel López Obrador, el gran perdedor, impugnó la elección manifestando la
compra de votos y favoritismo para el
candidato priista por parte de los medios. Sus pruebas: una vaca, un cerdo,
gallinas, pollitos, mandiles, manteles, charolas, vasos, lápices, plumas, etc.
¿Qué acaso
no sabe que eso es parte de la estrategia de toda campaña? ¿A quién quiere
engañar mostrando artículos que seguramente se obsequiaron como en toda
campaña?
¿Acaso nos cree ilusos don Andrés imaginando que su partido, aquél que
lo llevó a la candidatura no lo hacía?
Vivimos en
un estado de derecho, y apegado a las leyes y normas que contemplan nuestros
códigos y reglas para una convivencia. Nadie está por encima de la ley, nadie.
Le guste o no, sus abogados deben saber que en materia electoral estas pruebas
no demuestran una compra de votos, el voto es libre y secreto, no puede ser
sujeto a condiciones, mucho menos, a cuestiones.
El votante
estando adentro de la casilla hace lo que quiera con él; anula, escribe,
subraya, tacha, pinta, etc. Por eso la casilla es individual, nadie sabe por
quién votó más que el ciudadano. Por eso, las elecciones no pueden ser invalidadas como pretende Andrés Manuel López. Sus pruebas no pertenecen al sistema democrático.
Valido sería que tuviera la información de esos cinco millones de ciudadanos - que coincidentemente son los que le hacen falta para ganar- que según fueron comprados y atestiguaran y enfrentaran al poder judicial sabiendo que la compra de votos es un delito federal.
No es de “hombres
de Estado” querer imponer su ley, manipular a su antojo información que según
le llegan de las redes sociales, de anónimos, de su círculo de poder, de él
mismo. Sus pruebas como hemos visto han
sido vapuleadas y negadas por las mismas instituciones públicas y privadas.
Hoy a 45
días, solo queda una cara derrotada que no acepta el fracaso, que no considera
que lo hizo mal, que su estrategia de
seis años no sirvió para conquistar al pueblo mexicano, que recorrer
todo el país, municipio por municipio no lo hizo fuerte, sino lo debilitó. Hoy
su orgullo vuelve a estar herido, deseando ser él y solo él quien ocupe los
Pinos, Palacio Nacional y su nombre por
los libros de Historia.
Sí, después
del primero de julio México vuelve a ser el mismo, sin luces ni sombras,
pensando que tendremos una vez más un Estado Mexicano comprado o
manipulado y volveremos a estar en el
mismo lugar en donde nos encontramos…
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