Dentro del sistema político
mexicano – a veces inentendible para los analistas políticos- existen los
denominados “dinosaurios” aquellos que se formaron en la época de los setentas
y ochentas” y que aún siguen vigentes en el poder a pesar de tener sesenta años
o màs.
Aunado a ello, el
caciquismo que se vive en los sindicatos es recurrente en nuestro país. Tenemos
a líderes y charros sindicales que abusan de su poder, convirtiéndose en
lastres y presiones para un gobierno que está decidido a cambiar su estrategia.
Así ni más tenemos
a Elba Esther Gordillo, la mujer más poderosa de México – hasta el 26 de
febrero del año dos mil trece- quien hizo y deshizo a la política manejándola a
su antojo y querer mismo. El poder detrás del poder, la mano que mece la cuna
del sindicato más poderoso de la Educación en Latinoamérica. ¿Quién dijo que la política era una mierda?
Ella representaba a la política misma.
Cabildeaba a sus intereses, ponía y quitaba a gente más
próxima a ella, arrodillaba al gobierno mexicano para imponer sus propias comas
y puntos en los contratos colectivos. Ningún Secretario de Educación intento
faltarle al respeto, y aquél o aquella
que lo hizo, la destituyeron de su cargo.
No le interesaba
ser Secretaria de Educación, no necesitaba el cargo, ella era el cargo, ella
era y fue por veinte años la soberbia, la intriga y la dulzura de sus gustos,
esos gustos que han hecho de esa guerrera, como ella misma se definió ,
perdiera la batalla.
La Procuraduría General de la República la esta investigado por un desvio de fondos pertenecientes al Sindicato de Trabajadores que ascienden a dos mil millones de pesos a sus
cuentas personales, en las cuales ha comprado todo lo que se puede usted
querido lector imaginar. Sobra de más describir sus propiedades, es de dominio público,
lo interesante es ¿Cómo pudo ser rica, verdaderamente rica, en menos de veinte años una mujer que provenía
de la Selva Chiapaneca siendo maestra rural? No es insulto a los maestros, claro que se
puede con esfuerzo y trabajo conseguir
dicha riqueza, pero no a costa de recursos del sindicato.
Los gobiernos
anteriores la cobijaron, la arroparon, la consintieron y mimaron. No hicieron
nada para ponerle un alto. Nadie, ni siquiera el Presidente en turno, le levantó
la mano no para alzarla de victoria, sino para sentarse frente a ella y reformar
el sistema educativo mexicano que se encuentra en los peores niveles de
conocimiento (sólo basta conocer las cifras de reprobados y la baja calidad de
educación).
Peña Nieto hizo lo
que muchos no quisieron. Hoy, es aplaudible esa investigación que en doce años “nadie
sospecho”. Sí, la maestra debe pagar, no por sus excentricidades, ni por los
excesos del poder, sino porque ha dejado a un México pobre de crecimiento, de
conocimiento y de raciocinio y a título personal, esa es la peor derrota de la maestra.

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