La
fuga por parte del capo número uno Joaquín “El Chapo” Guzmán del Altiplano –máxima fortaleza del sistema
penitenciario que el país tenía- nos ha dejado ver que el hombre ahora
nuevamente buscado, en su huida, se llevó también con él la poca credibilidad
del estado de Derecho con la que gobierna Enrique Peña Nieto.
La
corrupción que se ha visto envuelto el presidente de la república mexicana nos
deja a nosotros como sociedad, asqueados, vomitados, con enojo, con ira, con
coraje de ver todo lo que el político como él ha permitido a sus espaldas y a
la luz del día.
La
fuga del oriundo de Sinaloa refrenda una vez más que el túnel por el cual supuestamente
escapó lo sabía el gobierno en todos los niveles, en todas sus gamas y colores
y una vez más, demuestra que no se necesita ser inteligente o inculto, pobre o
rico, se necesita tener los contactos necesarios para armar su estrategia de
salida.
Hoy,
el estado de derecho en la cual nos enfrentamos va más allá de jueces rectos,
de funcionarios que deben servir al pueblo por el cual fueron elegidos, por
servidores públicos que tengan la profesión de querer sobresalir. Este estado
de derecho no existe, ya fue, no volverá
y es difícil que se quiera o se pretenda construir a través de nuevas leyes
emanadas por el poder de la Unión.
Peña
Nieto se enfrenta a las peores crisis que México pueda tener- en lo económico,
político, social, jurídico- no está a la altura de querer ser el Presidente, no
está a la altura de querer combatir a los suyos porque él se deja escupir y ser
escupido hasta de su propia esposa, denostando la potestad que detenta, la
figura que él representa. No es posible que el segundo al mando, Osorio Chong, secretario del despacho de Gobernación, se
encuentre en el mismo avión presidencial esperando escuchar a La Marsellesa
junto a su jefe mientras aquí que se nos lleve la chingada.
No
es posible que después de dos horas después de que el Sr. Guzmán haya realizado
su escape, se le avise al Comisionado dicha situación. No es posible que nadie,
absolutamente nadie, se haya percatado que a menos de un kilómetro del centro
penitenciario, hayan pasado más de trescientas veces camiones de escombro
cuando sucede que es un poblado inhabitable. En fin.
Ya
no hay que construir muros donde existen, ni tampoco no querer ver lo que ya es
inadmisible: el gobierno del presidente se está hundiendo y nadie quiere
salvarlo.
Mientras
una crisis de esta naturaleza sucede en nuestro país, nuestro querido y
admirado presidente se pasea con más de 400 invitados mexicanos en suelo
francés esperando tal vez a un Napoleón o a un Montesquieu o a Voltaire, le den lecciones de estrategia
política y democracia.

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