
En el siglo XXI, figuraron dos personajes en el ámbito eclesiástico que cambiaron el rostro de la humanidad: La madre Teresa de Calcuta y Juan Pablo II.
La madre Teresa simbolizó el amor al prójimo y al desinterés propio. Su caridad y apoyo al pueblo donde impartió la fe hizo mover a muchos corazones reacios por la caridad, su amor a Jesucristo la llevo a servir a los "más pobres entre los pobres". Su muerte fue dolida, sentida y amarga, pues una mujer de gran corazón había partido de este mundo para entregarle cuentas al señor.
Pero el fallecimiento de Karol Wojtyla estremeció a todos, incluyendo a escépticos y no católicos. El liderazgo de este hombre fue innegable y su investidura como el primer apóstol rebasó a gobernantes, presidentes, reyes. El carisma que le imprimió a su mandato hizo que la Iglesia recuperara adeptos y a “ovejas descarriadas”.
Gobernar más de 27 años a una institución tan poderosa como lo es la Santa Iglesia Apostólica y Romana no fue fácil y más cuando su figura también representa a Dios sobre la tierra. Se ha escrito mucho sobre Juan Pablo II y cómo no hacerlo si fue el primer Papa polaco de la historia; el primer extranjero después de 455 años de pontífices italianos y que bajo su mandato, fue el tercero más largo de la Historia.
La madre Teresa simbolizó el amor al prójimo y al desinterés propio. Su caridad y apoyo al pueblo donde impartió la fe hizo mover a muchos corazones reacios por la caridad, su amor a Jesucristo la llevo a servir a los "más pobres entre los pobres". Su muerte fue dolida, sentida y amarga, pues una mujer de gran corazón había partido de este mundo para entregarle cuentas al señor.
Pero el fallecimiento de Karol Wojtyla estremeció a todos, incluyendo a escépticos y no católicos. El liderazgo de este hombre fue innegable y su investidura como el primer apóstol rebasó a gobernantes, presidentes, reyes. El carisma que le imprimió a su mandato hizo que la Iglesia recuperara adeptos y a “ovejas descarriadas”.
Gobernar más de 27 años a una institución tan poderosa como lo es la Santa Iglesia Apostólica y Romana no fue fácil y más cuando su figura también representa a Dios sobre la tierra. Se ha escrito mucho sobre Juan Pablo II y cómo no hacerlo si fue el primer Papa polaco de la historia; el primer extranjero después de 455 años de pontífices italianos y que bajo su mandato, fue el tercero más largo de la Historia.
Los decesos de estos dos grandes personajes evangélicos hicieron perder el rumbo de la Iglesia que hoy gobierna. Si bien es cierto que el Estado Vaticano es uno de los más ricos del mundo, hoy, se encuentra en números no favorecedores y en una fuga masiva de fieles que no aceptan al nuevo Benedicto XVI.
La visión que tenia Juan Pablo II y la madre Teresa era servir a todos aquellos que necesitaran consuelo, amor, y paz a su corazón bajo las enseñanzas del creador, fomentando los valores universales bajo el respaldo de una Iglesia sólida y confiable, dejando atrás el pasado oscuro que en ella existe.
Esta visión se pierde con Benedicto XVI que ha sido catalogado como un papa frío, sin luz para demostrarle al mundo que él también puede ser un digno representante de Dios; que puede rescatar los principios fundamentales escritos en la biblia; que puede separar la imagen política con la imagen eclesiástica y sobre todo que puede desempeñar el mejor papel que Jesús, Juan Pablo II y la madre Teresa de Calcuta mostraron ante el mundo: el amor hacia los demás.
La visión que tenia Juan Pablo II y la madre Teresa era servir a todos aquellos que necesitaran consuelo, amor, y paz a su corazón bajo las enseñanzas del creador, fomentando los valores universales bajo el respaldo de una Iglesia sólida y confiable, dejando atrás el pasado oscuro que en ella existe.
Esta visión se pierde con Benedicto XVI que ha sido catalogado como un papa frío, sin luz para demostrarle al mundo que él también puede ser un digno representante de Dios; que puede rescatar los principios fundamentales escritos en la biblia; que puede separar la imagen política con la imagen eclesiástica y sobre todo que puede desempeñar el mejor papel que Jesús, Juan Pablo II y la madre Teresa de Calcuta mostraron ante el mundo: el amor hacia los demás.
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