
De todas las tragedias a las que México se ha enfrentado, ninguna pegó tanto como la influenza humana. Sin embargo, la reacción con la que el gobierno mexicano actuó ante este problema, fue rápida, pronta y eficaz para evitar más brotes de esta gran amenaza a pesar que efectivamente, no estábamos preparados para una emergencia de esta magnitud.
Hoy nos queda por hacer un recuento de daños y beneficios. Por una parte el brote de epidemia trajo a la luz costumbres olvidadas, hábitos inactivos, deficiencias médicas, estrés colectivo, pérdidas económicas y los gastos que de ella surjan.
La influenza humana sirvió para concientizar a la sociedad y dejar en claro que las medidas preventivas que se transmitieron por todos los canales de comunicación son las mismas que se aplican para evitar cualquier contagio viral: lavarse las manos, no saludar de beso, usar cubrebocas, no automedicarse, etc. Realmente no hay nada nuevo bajo el sol, pero sí para nuestro país que ha sido necio y obstinado en cuidarse y acatar las indicaciones establecidas.
Empero, los daños causados, son para considerarse: en primer lugar, algo que se observó y que en definitiva no se le ha dado el interés necesario por parte de nuestros gobiernos, es al sector científico y médico. Tenemos cerca de un millón de tratamiento antiviral, pero no tenemos la infraestructura necesaria para poderla distribuir. Tuvimos que aceptar las donaciones en equipo de laboratorio de China, España, Estados Unidos para poderle hacer frente a la influenza en la capital.
En segundo lugar, el trago más amargo que será difícil de asimilar es sin duda la inactividad de los comercios. Estos golpes en la clase media son mortales y las pérdidas millonarias que el virus esparció dentro de su ámbito, necesitan curarse no con antivirales, sino con la reducción de impuestos y estímulos fiscales para la pequeña y mediana empresa principalmente. Acciones y liquidez monetaria es lo que se necesita para entonces así no dejar que mueran los miles de comercios del Distrito Federal y zona metropolitana.
Y aunado a ello, la discriminación y xenofobia por parte de países como Argentina, Perú, Cuba y en especial China nos afectan no tanto como mexicanos, sino como una sociedad cálida y abierta a todo extranjero. Hoy se nos ve como los culpables de la influenza humana cuando éste, es producto de la naturaleza y la evolución misma de las enfermedades, no del ser humano.
Por lo pronto, la influenza humana encuentra su estado de confort y empieza a convivir con veinte millones de citadinos, mientras el mundo y la economía mundial lo siguen viendo… como un puerco.
Hoy nos queda por hacer un recuento de daños y beneficios. Por una parte el brote de epidemia trajo a la luz costumbres olvidadas, hábitos inactivos, deficiencias médicas, estrés colectivo, pérdidas económicas y los gastos que de ella surjan.
La influenza humana sirvió para concientizar a la sociedad y dejar en claro que las medidas preventivas que se transmitieron por todos los canales de comunicación son las mismas que se aplican para evitar cualquier contagio viral: lavarse las manos, no saludar de beso, usar cubrebocas, no automedicarse, etc. Realmente no hay nada nuevo bajo el sol, pero sí para nuestro país que ha sido necio y obstinado en cuidarse y acatar las indicaciones establecidas.
Empero, los daños causados, son para considerarse: en primer lugar, algo que se observó y que en definitiva no se le ha dado el interés necesario por parte de nuestros gobiernos, es al sector científico y médico. Tenemos cerca de un millón de tratamiento antiviral, pero no tenemos la infraestructura necesaria para poderla distribuir. Tuvimos que aceptar las donaciones en equipo de laboratorio de China, España, Estados Unidos para poderle hacer frente a la influenza en la capital.
En segundo lugar, el trago más amargo que será difícil de asimilar es sin duda la inactividad de los comercios. Estos golpes en la clase media son mortales y las pérdidas millonarias que el virus esparció dentro de su ámbito, necesitan curarse no con antivirales, sino con la reducción de impuestos y estímulos fiscales para la pequeña y mediana empresa principalmente. Acciones y liquidez monetaria es lo que se necesita para entonces así no dejar que mueran los miles de comercios del Distrito Federal y zona metropolitana.
Y aunado a ello, la discriminación y xenofobia por parte de países como Argentina, Perú, Cuba y en especial China nos afectan no tanto como mexicanos, sino como una sociedad cálida y abierta a todo extranjero. Hoy se nos ve como los culpables de la influenza humana cuando éste, es producto de la naturaleza y la evolución misma de las enfermedades, no del ser humano.
Por lo pronto, la influenza humana encuentra su estado de confort y empieza a convivir con veinte millones de citadinos, mientras el mundo y la economía mundial lo siguen viendo… como un puerco.
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