
Se ha cumplido un mes desde que la Compañía de Luz y Fuerza del Centro fue extinguida por el presidente Felipe Calderón y a raíz de ello, el Sindicato Mexicano de Electricistas apareció en el escenario político como una organización de resistencia laboral y luchando por los derechos de sus trabajadores.
La historia de los sindicatos en México va ligada a la formación y al desarrollo del país: han sido una fuerza social y política en los últimos años como son el liderado por Elba EstherGordillo o el de Carlos Romero Deshamps. Pero el sindicato liderado por Martín Esparza se aprecia como uno de los más radicales en la época actual, dejando atrás el valor laboral y los derechos que éste representa.
La extinción de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro no es más que la consecuencia de un mal manejo de ella, una corrupción a la orden del día y una incapacidad administrativa para poder sacar adelante a una empresa mexicana. Hoy, su sindicato exige al gobierno Federal a la empresa como si fuera suya, argumentando que el decreto es inconstitucional pero es claro que a la sociedad en general, su existencia como tal, no tiene importancia.
La decisión que tomó el Presidente de la República ha sido vista como un acierto político entre la clase política como la clase dominante; pero en general a la sociedad que veía los tropiezos y las carencias con las que contaba la empresa energética. Su forma operativa era arcaica para estar laborando en el Distrito Federal y zona Metropolitana. Y no toda la culpa la tiene el Gobierno, sino también el trabajador y en este caso a los agremiados del Sindicato Mexicano de Electricistas.
¿Qué le paso al SME? Simplemente ya no tiene razón de ser. Las ambiciones de sus líderes sindicales y secretarios generales, llevaron al Sindicato a la ruina política y laboral. No pudieron concretarse los acuerdos previos antes de su extinción, ni lograron sacar adelante y por méritos propios una historia individual y colectiva como lo fue el de los electricistas.
Hoy, se adhiere al movimiento de Andrés Manuel para subsistir y no quedarse atrás de los problemas sociales, políticos y económicos. Busca salvaguardar sus intereses particulares a costa de los veinte mil sindicalizados que no formaron la lista de los indemnizados. El Sindicato Mexicano de los Electricistas pasa a formar parte de la historia en México como un sindicato que no logró reconstruir a su propio “Leviatán”.
La extinción de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro no es más que la consecuencia de un mal manejo de ella, una corrupción a la orden del día y una incapacidad administrativa para poder sacar adelante a una empresa mexicana. Hoy, su sindicato exige al gobierno Federal a la empresa como si fuera suya, argumentando que el decreto es inconstitucional pero es claro que a la sociedad en general, su existencia como tal, no tiene importancia.
La decisión que tomó el Presidente de la República ha sido vista como un acierto político entre la clase política como la clase dominante; pero en general a la sociedad que veía los tropiezos y las carencias con las que contaba la empresa energética. Su forma operativa era arcaica para estar laborando en el Distrito Federal y zona Metropolitana. Y no toda la culpa la tiene el Gobierno, sino también el trabajador y en este caso a los agremiados del Sindicato Mexicano de Electricistas.
¿Qué le paso al SME? Simplemente ya no tiene razón de ser. Las ambiciones de sus líderes sindicales y secretarios generales, llevaron al Sindicato a la ruina política y laboral. No pudieron concretarse los acuerdos previos antes de su extinción, ni lograron sacar adelante y por méritos propios una historia individual y colectiva como lo fue el de los electricistas.
Hoy, se adhiere al movimiento de Andrés Manuel para subsistir y no quedarse atrás de los problemas sociales, políticos y económicos. Busca salvaguardar sus intereses particulares a costa de los veinte mil sindicalizados que no formaron la lista de los indemnizados. El Sindicato Mexicano de los Electricistas pasa a formar parte de la historia en México como un sindicato que no logró reconstruir a su propio “Leviatán”.
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