
Bien podría la naturaleza ser Dios, pues tiene el poder de destruir y dar vida, más no de defenderse de su propia creación: el hombre. Pero lo que hemos visto en Haití tiene una visión de tipo apocalíptica. El terremoto causado la semana pasada ha dejado estragos incuantificables para el país y para el mundo entero.
Como si la vida no fuera fácil, éste país considerado el más pobre de América, ha vivido durante su incipiente “democracia” guerras civiles, crisis económicas y políticas y si el destino no quisiera, un sismo que destruyó cerca del 90% de su infraestructura urbana.
No imagino la magnitud, ni la hecatombe, ni mucho menos los pilares de muertos y heridos que están dentro del país caribeño, y no lo imagino porque no he vivido por fortuna un sismo de magnitudes destructivas, solamente aquellos que son la generación del 85 podrán darme una platica de lo que México sufrió en esos años donde el Distrito Federal padeció lo que nuestros hermanos haitianos viven actualmente.
Es increíble que la naturaleza pida a gritos ayuda, pero más increíble que no sepamos escucharla ¿Esto es un castigo divino? ¿Un mal augurio para el ser humano? Preguntas como estas me encuentro entre las calles y en cafés políticos, pero lo que más importa para los analistas políticos es saber ¿quién gobernará el nuevo Estado Haitiano? ¿Qué población se gobernará cuando los poderes están destruidos? ¿Hasta cuando se brindará la ayuda mundial?
Para conformar el concepto de Estado, se requiere de territorio, población y gobierno, pero faltan elementos necesarios para poder llamarlo así en Haití: gobierno e implícitamente la soberanía. Cuando no existen ambas, la sociedad sufre de una crisis jurídica que es la base para un ordenamiento normativo. Hoy, no hay escuelas ni comercios establecidos, no hay poderes constitucionales, simplemente no hay nada.
Por el momento, la restauración del país caribeño la mantendrá Estados Unidos, -por así convenir a los intereses de la Doctrina Monroe- y establecer así un orden civil ante el caos mandando miles de efectivos militares para destinar la ayuda comunitaria. La ONU ya ejecutó la orden de no más búsqueda y “rescatar del hambre” a los sobrevivientes que aun padecen.
Los números hablan de cien mil muertos, miles de toneladas de alimento donado, cinco mil cascos azules, tres millones de heridos, etc. pero el daño que le hemos hecho a la naturaleza… no tiene precio.
Como si la vida no fuera fácil, éste país considerado el más pobre de América, ha vivido durante su incipiente “democracia” guerras civiles, crisis económicas y políticas y si el destino no quisiera, un sismo que destruyó cerca del 90% de su infraestructura urbana.
No imagino la magnitud, ni la hecatombe, ni mucho menos los pilares de muertos y heridos que están dentro del país caribeño, y no lo imagino porque no he vivido por fortuna un sismo de magnitudes destructivas, solamente aquellos que son la generación del 85 podrán darme una platica de lo que México sufrió en esos años donde el Distrito Federal padeció lo que nuestros hermanos haitianos viven actualmente.
Es increíble que la naturaleza pida a gritos ayuda, pero más increíble que no sepamos escucharla ¿Esto es un castigo divino? ¿Un mal augurio para el ser humano? Preguntas como estas me encuentro entre las calles y en cafés políticos, pero lo que más importa para los analistas políticos es saber ¿quién gobernará el nuevo Estado Haitiano? ¿Qué población se gobernará cuando los poderes están destruidos? ¿Hasta cuando se brindará la ayuda mundial?
Para conformar el concepto de Estado, se requiere de territorio, población y gobierno, pero faltan elementos necesarios para poder llamarlo así en Haití: gobierno e implícitamente la soberanía. Cuando no existen ambas, la sociedad sufre de una crisis jurídica que es la base para un ordenamiento normativo. Hoy, no hay escuelas ni comercios establecidos, no hay poderes constitucionales, simplemente no hay nada.
Por el momento, la restauración del país caribeño la mantendrá Estados Unidos, -por así convenir a los intereses de la Doctrina Monroe- y establecer así un orden civil ante el caos mandando miles de efectivos militares para destinar la ayuda comunitaria. La ONU ya ejecutó la orden de no más búsqueda y “rescatar del hambre” a los sobrevivientes que aun padecen.
Los números hablan de cien mil muertos, miles de toneladas de alimento donado, cinco mil cascos azules, tres millones de heridos, etc. pero el daño que le hemos hecho a la naturaleza… no tiene precio.
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