
Hace unos días, Estados Unidos demuestra una vez más la incomodidad que tiene por la gente que lo ha hecho grande como nación, como país y como unión. El Estado de Arizona ha menospreciado la calidad y la integridad del ser humano al degradarlo en un simple estorbo para el desempeño económico y social.
La famosa Ley SB
No tener documentos de estadía legal en Estados Unidos; no llevar en la cartera la Green Card o la famosa Tarjeta Verde o incluso transportar en su automóvil a un indocumentado, aunque sea un familiar, se ha convertido ya en un delito para el estado de Arizona después de que la gobernadora Jan Brewer firmará la controversial ley.
Las reacciones sobre este acto no se han hecho esperar para organismos internacionales como la ONU, la Convención Internacional de los Derechos Humanos e incluso el propio presidente Barack Obama, quien señala que la democracia sin tolerancia no avanza. Por irónico que parezca, uno de los precursores de esta ley y que ha dado guerra en el Senado por castigar al inmigrante fue John Mac Cain, que, estando en campaña presidencial vino a México a colocar una ofrenda ante el altar de la Virgen de Guadalupe que sin duda representa el orgullo y la fe del latino que vive en aquél país.
Por lo pronto el estado de Arizona sabe que ha dado un golpe bajo al trabajo ilegal, al trabajo mal pagado y al trabajo que ningún americano haría: ¿ser barrendero? ¿agricultor? ¿fontanero? ¿ayudante de limpieza? No, eso que lo hagan otros, no el americano.
¿Un boicot económico? Sí, es lo que se piensa y se espera por parte de la comunidad que ha luchado por años contra corriente, por esa comunidad que orgullosa de sus orígenes buscó una oportunidad, la encontró y que por ser latino se la quitan porque no la merecen. Aun quedan recursos legales para enmendarla o en su caso abrogarla por ser racista, dejando claro que para Estados Unidos ese tema queda a un lado al tener un presidente Afroamericano con principios “democráticos”.
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