Si
algo tiene que contar Argentina ante el mundo dentro de su historia y pasión,
son tres conceptos que se han convertido en materia: el tango, el fútbol y Evita.
El
tango, en voz del gran e inigualable Carlos Gardel, le regaló a la música un
toque romántico difícil de manipular por los estribillos que no son cantados
sino interpretados, le asignó un toque
de inspiración a ese baile que sin duda es la expresión más cercana al ballet
clásico.
Por
su parte, el fútbol argentino es considerado uno de los mejores del mundo por
la rapidez y la magia que tienen sus jugadores con el balón a sus pies. No hace
falta mencionar al gran Maradona que hoy
ocupa un lugar en la historia, no del fútbol, sino de la historia misma de
Argentina. Su habilidad, su destreza y la manera en la que “la mano de Dios”
ayudó a este hombre de 1.65 cm de estatura a ganar el mundial en 1986, lo hace
pieza dentro del ajedrez argentino.
Y
por último, la sociedad argentina viene a recordar –a sesenta años de su
muerte- a la grande, a la política, a la luchadora social, a la líder popular
Eva Perón.
María
Eva Duarte, ganó su lugar dentro de la política argentina colocándose como una
progresista en un sistema donde no había cabida para que las mujeres tomaran
decisiones dentro de la política. Esposa del Coronel Juan Domingo Perón, ella
decidió colocarse al lado del poder mismo. Su carisma y la forma de hacer
política, opacaron al coronel como presidente y se erigió la leyenda por la que
Argentina aun vive y respira por Evita.
El
pueblo argentino le debe mucho a su musa, a su mujer, a su Eva. Líderes como
ella, solo el siglo XX puede contarlas. Eva Perón logró lo que a muchas mujeres
en el poder anhelan: amor y la entrega de su pueblo.
La
razón de su vida siempre estuvo ligada al poder, a la política, a la cercanía entre
el gobernante y el gobernado. Por eso Perón la amaba, por eso Perón, no la
dejaba. Sí, por eso el pueblo la llamaba Evita, porque ella era – y seguirá
siendo- la madre de todos los pibes…

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