México celebró el primero de julio las elecciones más
importantes de su historia. Hemos vivido una jornada electoral, pacífica –a pesar
que en 6 años hemos estado en guerra contra el narcotráfico- venidera y
participativa.
El elegido para ser el futuro gobernante es Enrique Peña
Nieto, el candidato del PRI- PVEM quien obtuvo cerca del 38% de los sufragios
mientras que el candidato Andrés Manuel López Obrador, un 31%.
Ante esta situación, el deja vu del 2006, persigue al político tabasqueño, quien –una
vez más- afirma que las elecciones estuvieron llenas de irregularidades y que
por eso, pide voto por voto, casilla por casilla.
Esta afirmación de López hace ver que 18 millones de votantes están comprados, que
votaron por algo a cambio. Sin embargo, hay muchas razones por lo que la gente
decidió dar su voto a Peña Nieto, y que
probablemente fueron causales para su triunfo.
La primera de ellas, es que México está comprometido con
los modelos económicos internacionales, lo cual fija una postura diplomática
que va más allá de pasar a un gobierno socialista o social, como lo pretendía
ejercer Andrés Manuel, sus contrastes para aplicar una república de austeridad,
espantó al modelo neoliberal que decidió incrustarse en la política monetaria.
La segunda de ellas, es que la arrogancia, la soberbia y
la manera en la que el presidente amoroso pretendía ejercer con miles de
ciudadanos cayó en el primer debate donde mostró los dientes filosos de lobo, y
empezó a descalificar y denostar. Aunado a ello, sus “colaboradores” quisieron
pasar charola por seis millones de dólares para que él ganara dejando un golpe
bajo a su campaña.
La tercera de ellas, y porque la gente así lo decidió al
votar por Peña Nieto, es que es un hombre para la política joven, carismático y
con atracción al electorado. No podemos dejar atrás el arrastre que tiene como
político de nueva generación y la empatía, cosa que ningún candidato –incluyendo
Josefina Vázquez Mota- obtuvo en campaña.
Por ello y más motivos la gente decidió votar por alguien
diferente, ya sea por acarreo, por cooptación, por despensas, por todo lo que
se pueda ocurrir, pero en la democracia el voto comprado vale igual que el voto
razonado. No hay diferencias y no hay prueba de demostrarlo. Así es la regla,
así es la política.
Hoy nos queda aceptar que Enrique Peña Nieto, es el
virtual presidente electo. Nos pese o
no, es así, y el TRIFE tendrá que dictaminar una elección sin tintes ni acarreos,
sin chantajes ni manifestaciones y el perdedor debe entender que en México dejó de ser una dictadura perfecta,
para pasar a una democracia imperfecta…

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