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Dentro
del sexenio que ya concluye en los próximos noventa días, vemos que Felipe
Calderón no solo fue el presidente “salado” de México, sino un presidente sin
rumbo y sin definición exacta de qué es lo que buscaba o pretendia dentro de su
mandato.
Su
guerra contra el narcotráfico fue sin duda el sello propio de un gobierno que
se esmeró por cuidar todos los flancos; políticos, sociales, económicos y
jurídicos. Sin embargo, más de ciento cincuenta mil muertos, violaciones a los derechos
humanos por parte del ejercito mexicano, errores de ejecución e impartición de
justicia –lease Hank Ron o el Michoacanazo- hacen que no solamente él sea
culpable, sino también víctima de los hechos por no tener una Procuraduria
confiable y una Seguridad Pública en desconfianza con la sociedad. Felipe Calderón
4 México 0.
Otro
hecho que sin duda estará en la historia de México es la mala comunicación
entre el Legislativo y Ejecutivo. Dos poderes autonomos pero dependientes en
sí. El Congreso de la Unión encabezado por ambas cámaras decidieron darle el “manotazo”
a todas las propuestas o iniciativas de reforma promovidas por el Presidente: la
laboral, la educativa, la energética.
Todas
y cada una de ellas no lograron convencer ni pasar en estas legislaturas que
terminan. Felipe Calderón 5, México 0.
Y
en el ámbito internacional nos seguimos relegando de posiciones clave y
participaciones donde México se le consideraba el orgullo de Latinoamérica. Ya no se diga la relación con Estados Unidos y
los pendientes que están en ese país con nuestros paisanos; paises como Cuba,
Venezuela, Argentina, Brasil, han hecho una conexión con el mundo y excluyendo
a nuestro país por la poca participación bilateral entre embajadores y cuerpos
diplomáticos.
Felipe
Calderón 6, México 0.
Es
así como terminan seis años de altas y bajas. A pesar de los buenos resultados
o presumir de una economía fuerte y estable, eso no se refleja en los hogares
mexicanos. Presumir de estabilidad, de competitividad, de yacimientos
petroleros, de seguridad social, no sirven de mucho cuando nos enfrentamos con
la mitad de la población hundida en la pobreza.
Es
tiempo de presentar los daños, de saber que no todo lo alcanzado está correcto.
Felipe se va pero México se queda. Enrique Peña Nieto tomará la estafeta por
seis años más y creo que el país no está para bollos, es momento de decidir, de
hacer, de crecer y tengo la confianza –aun creo en ella- que se logrará por los
próximos seis años.

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