A menos de sesenta días del gobierno entrante, Enrique Peña
Nieto ya fue “exhibido” ante los medios por motivo de un “accidente” en las
oficinas centrales de Petróleos Mexicanos.
Un accidente – no se sabe las causas del mismo, aunque se
presenta como producto de un almacenamiento de gas en el sótano del edificio- destruyó parte del Edificio B2, mismo que
aloja aproximadamente a diez mil trabajadores sindicalizados y de confianza de
la empresa mexicana.
Hasta este momento, se han reportado 37 muertes a causa del
mismo y más de cien heridos con reporte reservado.
Este hecho viene a opacar la tan esperada reforma energética en
la cual se ha comprometido el Ejecutivo Federal a través del Pacto por México
firmado por las principales fuerzas políticas de este país, dejando una sombra –
sin luz por lo que se puede apreciar- en el gobierno del mexiquense.
Las preguntas sin
respuesta se liberan de esa caja llamada política mexicana. Muchas
especulaciones con respecto a este lamentable suceso. ¿Fue una bomba? Las
experiencias del siniestro arrojan un comparativo con los hechos ocurridos en
Madrid y Londres en sus estaciones del metro. ¿Por qué a las cuatro de la tarde
cuando todo el personal que labora termina su jornada laboral? ¿Por qué
justamente en ese edificio donde se guardan contratos y todo lo relacionado a
recursos humanos? ¿Qué hacía el Director de PEMEX en Asía cuando aun no están definidas
sus acciones dentro de la paraestatal? Etc.
Estos cuestionamientos los tendrá que esclarecer la administración
de Peña, por conducto de la PGR, Secretaria de Gobernación y la paraestatal,
que son las principales instituciones en dejar en claro a los mexicanos lo que
realmente sucedió.
La política es un juego de especulación, difícil de acreditar
pero imposible de no pensar. Pemex se encuentra en números rojos. Secretaria De
Hacienda y el mismo Sindicato han hecho que la empresa no tenga suficientes
recursos para existir y poder expandirse o modernizar sus instalaciones, prueba
de ello es lo sucedido el 31 de enero.
Lamentablemente los heridos, así como las familias de los
difuntos no tendrán más explicaciones que las que manifiesten las instancias
respectivas. Es momento de que Pemex tenga su lugar que merece, como empresa de
los mexicanos y como aquella por la que dependemos tanto. Así tenga que atravesar una reestructura interna y
matar a aquellos que le han hecho tanto daño.
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