Hace unos días, se suscitó una nota en el norte de México;
en la Ciudad de Monterrey y en
particular en el municipio
concretamente.
La alcaldesa o presidenta municipal en un acto
religioso, a título de funcionaria pública entregó las llaves de la ciudad a
Jesucristo que, para efectos espirituales, es líder de la iglesia apostólica católica
y romana.
Este hecho recorrió toda la república ¿Por qué? Pues
México es un país laico y así establecido en la constitución, libre de toda
creencia religiosa.
Los debates no pueden esperar ante tal suceso: ¿la
iglesia católica y México son y seguirán siendo uno mismo? La respuesta es sí. Difícilmente será dividido o suprimido por mucho que se quiera o desee liberar el
estigma por el cual traemos en la sangre así como las connotaciones políticas que existan.
Nuestra historia está plagada de acontecimientos
importantes que han llevado a formar el estado mexicano iniciando con la
independencia de Mèxico cuando Hidalgo llevó como estandarte a la virgen de
Guadalupe. ¿a poco somos tan ingenuos para creer que los indígenas seguían un espíritu
libertador? No, ellos creían en la imagen, en la fuerza que la virgen
representa como baluarte, como esperanza, como fe. La guerra civil ocurrida en
la época de Benito Juárez, el Porfiriato, la misma Revolución con Madero y sus fantasmas
así como la guerra cristera, son parte
de nuestra formación y acontecer histórico.
Una frase reproducida por el candidato Luis Donaldo
Colosio ha sido formada y llamada como espíritu del Partido Revolucionario
Institucional: Veo un México con hambre y sed de justicia.
Hasta Vicente Fox, el primer presidente del cambio
institucional, llevó su creencia hasta el palacio legislativo defendiendo a
capa y espada que Dios y la Virgen se encontraban casi gobernando el estado
mexicano.
Y creo que no está de más pensar en una inclusión dentro de la política moderna: el uso político de la religión.
Muchos mandatarios expresan ante el público – y sus
gobernados- la creencia religiosa que
profesan, los hacen suyos y los convierten en sus aliados a la hora de
gobernar.
Jesucristo, Alá, La virgen María y hasta san Judas
Tadeo son invocados en la política moderna.
Es momento de revalorar a la política y que nadie se sienta aludido por
pertenecer o creer en una religión, lo que no es “políticamente correcto” es
profanar y prostituir esa creencia en sinónimo de valor, de gallardia, de honestidad y
transparencia cuando al momento de ejercer el poder y detentarlo abusan del
mismo corrompiendo la palabra empeñada. Al fin de cuentas… El mal no es lo que
entra en la boca del hombre, sino lo que sale de ella.

Comentarios