Ahora que ha llegado el Papa viajero a la ciudad de México de una manera poco usual –su sangre en una pequeña probeta- para hacer del conocimiento del pueblo mexicano que Juan Pablo II sí fue fiel a México, los políticos se prestan a sacar su entidad cristiana -por decirlo de esa manera- en actos meramente oficiales.
Tenemos en el lado del PRI, a un Benedicto como lo es Moreira, que da misa cada vez que quiere para sacar los trapos al sol de sus adversarios políticos y convencer a la ciudadania que su religión, volverá a dar esperanza y fé al pueblo mexicano, quitando tambien las que el Fraile Juan “el misericordioso” Molinar ha presumido ante los medios de comunicación del mal manejo que dejó el Papa Benedicto Moreira en su abadía. A diferencia de los otros partidos, éste Benedicto, tiene muy controlados a sus futuros cardenales para ocupar la silla papal que llevará de nueva cuenta a cambiar la religión que mantenemos hace once años.
Por su parte, en el PRD, el nuncio apostólico Andrés Manuel López Obrador, no quiere compartir iglesia que él mismo fundó, por así decirlo, con sus millones de feligreses que hace cinco años le dieron su voto de confianza, y que hoy, el Sacerdote Marcelo Ebrard, con el apoyo del Episcopado de Nueva Izquierda y anexas, pretende ocupar la silla papal y dar paso a la contienda que se avecina el próximo año. Nada está escrito todavía, si el nuncio apostólico por su edad avanzada y la etapa senil, le permitan seguir ofreciendo misa de 6 a 7 y darle espacio a su pequeño acolito hoy convertido en jerarca para ser él quien sea considerado un “hijo de Dios”.
En el PAN la situación no cambia. La basílica donde se ofrece misa está disponible y vacante para aquellos que tengan la talla y la estatura de dar batalla contra un cambio de religión el próximo año. Los distinguidos para ocupar la silla papal son varios. Iguales en doctrina, distinta ideología: El padre Fray Santiago Creel que busca demostrarle a la sociedad que no es un político de cuna y que sabe debatir ante quien se le ponga enfrente, aunque sus misas no sean tan socorridas y una Sor Josefina Vázquez Mota, que siendo irreverente y contrario al dogma político, decide que México está preparado para ser gobernada por una mujer bajo la misma religión.
Así se manifiesta la fe, la esperanza y la santidad que se conducen nuestros rostros puros, evangélicos y santos de la política mexicana. Pensando que tal vez con la ayuda del ser supremo podamos cambiar lo que ya está en la sagrada escritura, escrita en el 17 y que actualmente nos rige como sociedad. Sí, muchos cardenales quieren ser el Papa y apuntan sus nombres para que entonces el próximo julio se diga … avemus cratos
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