
Estamos a unas semanas que el abanderado de la izquierda
se conozca ante los medios, teniendo de candidatos a dos en particular: Andrés
Manuel López Obrador y Marcelo Ebrard.
Siguiendo la fórmula matemática política en la cual 1 y 1
no son 2 sino único al mando; se desprende que el abanderado será aquél que
gane en los
resultados obtenidos por las casas encuestadoras. Obligando al que pierda a sumarse a la candidatura presidencial.
Marcelo Ebrard y López Obrador han trabajado desde el
inicio de su mandato –uno desde que asumió el gobierno del Distrito Federal y
el otro mucho antes y después de haber perdido la presidencial- por conseguir
la tan anhelada silla presidencial. Sin embargo, las apuestas empiezan a
circular.
Aquí no se trata de saber qué gana quién sino conocer qué
pierde quién. Sabemos que Andrés Manuel esta será su última aspiración, sueño,
arranque, lucha o lo que se le quiera llamar a un capricho suyo, de sentir que
él cambiará el rumbo del país y sus propuestas presentadas en la plancha de la
Constitución son y serán los mandamientos del mesías del trópico para un pueblo
que busca a un redentor. Sí, Andrés sabe y le consta que estas elecciones no
son las mismas que hace seis años pero su estrategia sigue siendo la misma:
descalificar al enemigo y mandando al diablo a las instituciones y todo lo que
de ellas emanen.
Por otro lado, el dichoso Marcelo Ebrard anda gustoso
por ser el abanderado de las izquierdas
en México, puesto que, digan lo que digan, la sociedad que apoya a esta
corriente ideológica lo ven con el ánimo de contender y ganarle a su maestro,
aquél que le dio el apoyo y el brazo para subir a la jefatura de Gobierno. Sin
embargo Marcelo tiene lo que Andrés Manuel no: paciencia.
Para Marcelo puede que sea su primera contienda
presidencial pero será una de dos o tres veces que pueda aspirar a ella, su
juventud “política” le da ese as bajo la manga, cosa que Andrés Manuel ya no
tiene. Puede perder esta elección, pero
llegará al 2018 con más experiencia y prestigio, sobre todo porque no estará
luchando en contra del sistema, sino aportando dentro de ella; pudiendo
colocarse como Senador e incluso líder de su bancada.
Marcelo tiene buenos puntos a su favor, una ciudad con números
positivos, una imagen sobria pero segura, y sabe cabildear cuando se necesita
cabildear. Aprendió mucho de su mentor, pero más de la escuela donde se forjó. Veremos
quién será el afortunado en perder el 2012, si el hombre que tiene tenis para
caminar hasta el 2018 o el hombre que no pudo con su soberbia… Tiempo al
tiempo.
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