Hace unas semanas, la política mexicana no conocía rostros
nuevos dentro de la élite que gobierna, puesto que los zoon politikon por
naturaleza son envidiosos de su propia especie, no permitiendo que nazcan
nuevas propuestas.
En el PRD, un partido donde se conglomeran las disputas
internas, los roces entre compañeros y la misma artimaña callejera, vio nacer a
un hombre de poca tinta política, de presencia gris pero efectiva y con la
bandera de no pertenecer a ninguna corriente que en ella habita.
Su camino dentro del servicio público es poco conocido, de hecho, el cargo que hoy ocupa no tiene
tintes políticos, pero Marcelo Ebrard le dio la oportunidad de ser el abogado
de la ciudad; ser Procurador del Distrito Federal. No era tarea fácil, ni
tampoco es un puesto que te permita crecer en el ámbito público pues la manera
y el actuar es muy distinto de una Secretaria de Despacho.
Pero su talento para demostrarle a la ciudadanía que puede
ser un servidor público eficiente, con talento y lo más importante, con
credibilidad, le han hecho ser el abanderado de una izquierda “marcelista” con
tintes neoliberales y combinar la política social con la privada por medio de
inversiones y así crecer a la ciudad más grande del mundo.
Miguel Ángel Mancera,
se ha convertido hoy, en el candidato virtual en el Distrito Federal, dejando a
un lado a una “gandallita” como lo es Alejandra Barrales, a un “maestro
antagónico” como Navarrete o a un “puritano”
como lo es un Fernández Noroña.
Ha nacido un político nuevo, un rostro nuevo. Abogado de
profesión y político en crecimiento. La ventaja que mantiene en sus manos es la
misma con la que cuenta Isabel Miranda
de Wallace. Ambos provienen de una circunstancia, no de un capricho o de un
partido político.
Sí, ya son candidatos con el debido respaldo de sus grupos,
ahora deben de demostrar que están consientes que no entrarán a un campo de
virtudes y agradecimientos. La política los espera, los anhela y los recibe con
orgullo esperando que sus principios y valores por los cuales han sido
designados no sean corrompidos por la élite que acostumbra devorar al más débil
y destruirlo para no dejarlo crecer… con ella.

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