Cuando conocimos a Isabel Miranda de Wallace en el escenario
político, fue a causa del secuestro de su hijo y que las autoridades judiciales
del Distrito Federal no pudieron por sí solas, por ende, ella por sus propios
recursos capturó a la banda que lamentablemente asesinó a su primogénito.
A partir de ese suceso, ella ha mantenido un prestigio
social y político, dando frente y
haciendo el papel de una activista en contra del gobierno, en contra del actuar del Ejecutivo y presentando propuestas
de ley ante el Congreso con el fin de radicar el problema que ella misma
enfrentó junto con Alejandro Martí, otra victima de la delincuencia.
Hoy, la clase política ha convertido a una dama y luchadora
social en su candidata para gobernar no cualquier ciudad, sino la ciudad de
México, una de las urbes más complejas a nivel mundial. El Partido Acción Nacional,
partido de oposición en el ámbito local, postuló como su abanderada a una mujer
de clase, de altura y categoría, pero no sé si tenga el dominio que se necesita
para ser la primera jefa de gobierno.
Y es que las dudas aparecen con ella ¿habrán usado su imagen
y prestigio para competir en una lista donde figuran políticos de cepa como
Beatriz Paredes? ¿Estará capacitada para esquivar los golpes políticos de adentro
y fuera en su gobierno? ¿Qué le motivó para tomar esta decisión?
Su candidatura por sí misma ya es cuestionada, sobre todo
porque muchos panistas que se encontraban en la fila para poder ser postulados,
hicieron su “ego político” a un lado y dar el espaldarazo a una mujer sin nada
que temer y mucho por vencer.
Isabel Miranda ha demostrado su carácter, su temple y las
agallas que se necesitan para imponerse dentro del sistema político que la
respeta; su imagen dentro de la clase política esta “limpia” y por ende, inicia con números positivos.
Hoy, ha entrado a una arena que solo ha parecido como
observadora, como crítica, como espectadora. La vida en el poder es distinta a
la vida con el poder, es muy difícil vivir comiendo de él. Espero que la
postulación de Miranda de Wallace en la lucha por el poder le de la sapiencia
de conducirse como siempre lo ha sido, una mujer intachable y con el único fin
de hacer a la política mexicana más “ciudadana”.
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