La semana pasada, Felipe Calderón visito a Estados Unidos para afrontar temas políticos, sociales, migratorios y sin duda económicos. Estamos viviendo un proceso de desconfianza y alerta amarilla por decirlo de esa manera, sobre la cuestión económica que tiene el país del norte, sin embargo, la visita sencillamente fue un " comes y te vas". Como sabemos, el presidente Felipe Calderón concluyó una gira de trabajo por Estados Unidos, en la que realizó 22 encuentros con representantes de los sectores social, político y económico de esta nación, de las cuales, sólo siete las dedicó a organizaciones de paisanos.
Tal vez la inoportuna ocasión para poder defender los intereses de los mexicanos la dejo escapar, puesto que Estados Unidos se esta enfrentando a decisiones importantísimas en su eje estratégico: Las elecciones y la rescisión.
Felipe no cumplió con lo esperado, mucho menos con lo señalado por el articulo constitucional que le permite conducir una política externa eficaz y acorde a los problemas que incumben a México. El tema migratorio era uno de los principales ejes para defender a los nuestros - y porque no- a los latinos en su colectividad.
Los discursos presentados en los Angeles, Chicago, y demás estados donde abunda el trabajo mexicano con paga americana, no fue lo esperado para las organizaciones campesinas, que esperaban un compromiso más directo y templas, puesto que el problema migratorio no esta en buscar "el sueño americano" sino en fomentar e implementar políticas que generen empleos, salarios justos y un mejor desempeño del gobierno, para que así, nuestro capital humano se quede en la tierra que los vio nacer.
El tema migratorio, quedo como un discurso al aire, donde solo se respira, se siente como el viento, pero no se toca; donde tenia que ser palpable y el momento justo para comprometer a los próximos candidatos otorgar garantías y derechos para trabajar dignamente y asi, proteger a nuestra comunidad que vive con la incertidumbre de ser deportados o enfrentar a los cazadores de inmigrantes.
Obviamente, cada que se va un mexicano, se pierde México; sin embargo, gana México, puesto que las remesas y las entradas que simbolizan ya en la economía mexicana son parte fundamental de la Ley de Ingresos anual, pero reitero, no es ese el compromiso que debe darse al campesino, al jornalero, al pescador, sino apoyarlo en incentivos que permitan su crecimiento como pequeño productor o empresario, y tener finanzas sanas para así, seguir invirtiendo en México.
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