Estamos a uno días de renovar Gobernadores, alcaldes, diputados y en el Distrito Federal, delegados políticos; por lo cual la guerra por presentar a la sociedad las propuestas y acciones de los diversos partidos se queda corta ante los medios electrónicos y televisivos.
Desde que iniciaron los spots políticos en la radio y en la televisión, estos no han producido en la ciudadanía el objetivo esencial de la democracia: el voto de la gente. Y es lamentable que entonces aparezca un partido que no presenta nada, pero que sí dice mucho para todos: el abstencionismo.
México encontró en el abstencionismo una salida a sus respuestas políticas, sociales e institucionales. El descontento y la apatía política son signos de insatisfacción ciudadana, esa que amenaza con crecer y llevarnos a meditar si nuestro sistema de gobierno, es válido para él mismo.
Un elevado abstencionismo representa un problema grave para todo sistema político, y un alto costo para la democracia. La población empadronada que no acude a votar, disminuye sensiblemente la representatividad de toda la elección, y ciertamente influye en la credibilidad y legitimidad de los actores políticos. Así entonces, el abstencionismo se convierte en un termómetro para el ejercicio del poder.
Del otro lado de la moneda, una alta participación electoral es un indicador de legitimidad, que amplia la representatividad y que nos muestra con claridad los avances en la cultura política de una sociedad; estos elementos forman parte de las características de los sistemas de partidos más competitivos del mundo, en donde todas las fuerzas sociales tiene la oportunidad de expresarse y que además, están convencidas que es el medio más efectivo, so sólo para la transmisión del poder, sino para la solución y atención de sus demandas.
El abstencionismo actual y que puede llegarse a notar, se debe por el descontento social que se ha generado dentro del sistema de gobierno, en principio porque no se han cumplido las expectativas de cambio y hemos llegado a una complicada situación económica; así también se ha venido aumentado el desempleo y con ello la falta de oportunidades. Ante esta circunstancia, se prevé que el abstencionismo pueda llegar a un 60% el 5 de julio.
Esta es la amenaza que todos los partidos evitan construir en nuestro sistema político y que la única vacuna para combatirlo es acudiendo a las urnas, a sufragar, a “creer” en sus propuestas. Todavía nos queda un mes de campaña, y espero que en ese mes, los partidos políticos encuentren lo que la sociedad ha perdido en ellos… la confianza.
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