
2010 se contemplaba para ser el festejo más importante de México, sin embargo, el año que inicia no es ni el del centenario ni del bicentenario sino el de los impuestos.
Enero siempre ha sido el vía crucis para muchas familias mexicanas por el exceso de gastos provocados por la navidad y el año nuevo; por eso, las casas de empeño es cuando inician su “agosto” prematuro. Pero éste año en particular, no habrán alhajas suficientes para dar un pequeño préstamo a los hogares más necesitados por sobrellevar la dichosa "cuesta".
Iniciamos el consecutivo federal con un 30% de pago al ISR sin olvidar el aumento del 1% al IVA; un impuesto especial a las telecomunicaciones; el famoso “gasolinazo” mensual; la reducción del IDE a quince mil pesos y los impuestos especiales por productos y servicios.
Después, pasamos al Distrito Federal que –de acuerdo a la Asamblea Legislativa con mayoría perredista- acata las órdenes del Jefe de Gobierno Marcelo Ebrard y decidió que los aumentos van para los impuestos de agua y predial principalmente; el aumento de la canasta básica y los alimentos, los cobros de derechos de acuerdo al código financiero, y por último sin alterar el orden de importancia, el aumento del 50% del metro.
De acuerdo a ello ¿algún mexicano quiere festejar el centenario y bicentenario? El 2010 pinta para ser el año de la recuperación económica según el Banco de México y Secretaria de Hacienda pero ¿cómo hacer eso posible cuando todo es más caro que el año de crisis? Los gobiernos federales y estatales están provocando la inconformidad de la sociedad en general por el alza “injusta” y “desmedida” de productos y servicios que sirven para impulsar la economía nacional.
La estrategia es errónea para el crecimiento industrial, la línea que se imparte es ilógica y económicamente incorrecta. México no necesita más impuestos sino reducción del gasto corriente y liquidez constante, menos burocracia y más productividad, en resumen, menos carga al contribuyente.
Éste año no se celebra nada, no hay nada por celebrar. Nuestra libertad y el cambio institucional no sirven festejarlos cuando estamos acorralados y en un rumbo sin visión ni futuro. 2010 será catalogado como el año de los impuestos, esta dicho.
Enero siempre ha sido el vía crucis para muchas familias mexicanas por el exceso de gastos provocados por la navidad y el año nuevo; por eso, las casas de empeño es cuando inician su “agosto” prematuro. Pero éste año en particular, no habrán alhajas suficientes para dar un pequeño préstamo a los hogares más necesitados por sobrellevar la dichosa "cuesta".
Iniciamos el consecutivo federal con un 30% de pago al ISR sin olvidar el aumento del 1% al IVA; un impuesto especial a las telecomunicaciones; el famoso “gasolinazo” mensual; la reducción del IDE a quince mil pesos y los impuestos especiales por productos y servicios.
Después, pasamos al Distrito Federal que –de acuerdo a la Asamblea Legislativa con mayoría perredista- acata las órdenes del Jefe de Gobierno Marcelo Ebrard y decidió que los aumentos van para los impuestos de agua y predial principalmente; el aumento de la canasta básica y los alimentos, los cobros de derechos de acuerdo al código financiero, y por último sin alterar el orden de importancia, el aumento del 50% del metro.
De acuerdo a ello ¿algún mexicano quiere festejar el centenario y bicentenario? El 2010 pinta para ser el año de la recuperación económica según el Banco de México y Secretaria de Hacienda pero ¿cómo hacer eso posible cuando todo es más caro que el año de crisis? Los gobiernos federales y estatales están provocando la inconformidad de la sociedad en general por el alza “injusta” y “desmedida” de productos y servicios que sirven para impulsar la economía nacional.
La estrategia es errónea para el crecimiento industrial, la línea que se imparte es ilógica y económicamente incorrecta. México no necesita más impuestos sino reducción del gasto corriente y liquidez constante, menos burocracia y más productividad, en resumen, menos carga al contribuyente.
Éste año no se celebra nada, no hay nada por celebrar. Nuestra libertad y el cambio institucional no sirven festejarlos cuando estamos acorralados y en un rumbo sin visión ni futuro. 2010 será catalogado como el año de los impuestos, esta dicho.
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