
Hoy inician los juegos Olímpicos en Beijing, capital de China, dando hincapié a que la suerte radica en los números, quisieron inaugurar el día 8 de agosto del dos mil ocho. Para ellos, símbolo de infinito y misticismo que marca el numero 8.
China tiene en sus manos al mundo entero y no querrá pasar inadvertida, la inauguración tendrá que – tiene que- ser una belleza ante sus espectadores, ante sus ciudadanos, mezclando su poder imperial y social, mezclando sus dioses con sus religiones, mezclando la música con la danza regional y así lograr que usted amable ciberlector, quedes enamorado de su espíritu victorioso.
Todos los países representados saludaran al mundo, le darán la bienvenida a los deportes, a la lucha, a la victoria y el fracaso, al oro, plata y bronce, al momento majestuoso cuando todos conocemos razas, himnos y banderas. Esta noche el sueño se convierte en realidad, enfatizando el slogan publicitario: "Un mundo, un sueño".
Atrás quedaron las protestas y manifestaciones en pro del Tibet; el Dalai Lama ha hecho una tregua por un instante y la naturaleza quiere, pero no puede, estar en paz con la humanidad y dejar que el clima se encargue de “limpiar” esa contaminación que afecta a la población y en particular a la salud de los atletas reunidos. Hoy, China se viste de rojo, de ese rojo que envuelve la historia de su comunismo y da paso a las estrellas, esas que sólo se dejan ver cada cuatro años…
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