No sé que sucederá en los próximos meses en el ámbito internacional, sobre todo por la incertidumbre de ver al máximo exponente del liberalismo económico caer ante su orgullo, su creación: el capitalismo.
Esta situación no es nueva para el mundo globalizado. En 1929, nuestro país vecino exportó su crisis al resto del mundo cuando los valores bursátiles se devaluaron. Nueva York se convirtió en pesadilla para millones de inversionistas donde la venta de sus acciones arrastró a las demás, e hizo la crisis irreversible.
Los bancos quiebran y faltan capitales para la industria; y todo cambio: el miedo detiene la inversión, el paro aumenta, los precios caen y se descapitaliza la banca, con lo que no se pueden pedir créditos. El consumo se contrae, sobre todo el de los productos industriales.
¿Le parece casualidad? No. Y es que si la historia no me falla, Estados Unidos se vio favorecido en la primera guerra mundial, donde gracias al incremento de la producción de armas, la industria despegó como nunca antes en la historia, lo mismo le ocurrió al sector agrícola - aunque muchos precios de este sector se mantuvieron por debajo de los industriales haciendo que muchos campesinos vendieran sus tierras y se trasladaran a las ciudades- dada las necesidades europeas, lo que al mismo tiempo conllevó al crecimiento de la marina mercante estadounidense.
Además, durante los primeros años de la década de 1920 también se desarrollaron importantes industrias como la eléctrica, la química y petroquímica, la automotriz, la aeronáutica, entre otras, las cuales a sus vez generaron indirectamente el desarrollo en otros sectores como la construcción, entre ellas, la inmobiliaria… ¿le suena?
En esa época, Europa estaba divida, destrozada y fragmentada. Una Alemania en estado crítico, un Japón debilitado, una Francia herida pero de pie y Estados Unidos, un Goliat victorioso.
Fueron épocas de gloria y júbilo, Estados Unidos demostró al mundo estar preparado y listo para cualquier guerra, para cualquier batalla, pero jamás imagino que la economía y sus consecuencias… tendrían consecuencias. (continuara)
Esta situación no es nueva para el mundo globalizado. En 1929, nuestro país vecino exportó su crisis al resto del mundo cuando los valores bursátiles se devaluaron. Nueva York se convirtió en pesadilla para millones de inversionistas donde la venta de sus acciones arrastró a las demás, e hizo la crisis irreversible.
Los bancos quiebran y faltan capitales para la industria; y todo cambio: el miedo detiene la inversión, el paro aumenta, los precios caen y se descapitaliza la banca, con lo que no se pueden pedir créditos. El consumo se contrae, sobre todo el de los productos industriales.
¿Le parece casualidad? No. Y es que si la historia no me falla, Estados Unidos se vio favorecido en la primera guerra mundial, donde gracias al incremento de la producción de armas, la industria despegó como nunca antes en la historia, lo mismo le ocurrió al sector agrícola - aunque muchos precios de este sector se mantuvieron por debajo de los industriales haciendo que muchos campesinos vendieran sus tierras y se trasladaran a las ciudades- dada las necesidades europeas, lo que al mismo tiempo conllevó al crecimiento de la marina mercante estadounidense.
Además, durante los primeros años de la década de 1920 también se desarrollaron importantes industrias como la eléctrica, la química y petroquímica, la automotriz, la aeronáutica, entre otras, las cuales a sus vez generaron indirectamente el desarrollo en otros sectores como la construcción, entre ellas, la inmobiliaria… ¿le suena?
En esa época, Europa estaba divida, destrozada y fragmentada. Una Alemania en estado crítico, un Japón debilitado, una Francia herida pero de pie y Estados Unidos, un Goliat victorioso.
Fueron épocas de gloria y júbilo, Estados Unidos demostró al mundo estar preparado y listo para cualquier guerra, para cualquier batalla, pero jamás imagino que la economía y sus consecuencias… tendrían consecuencias. (continuara)
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