
No sabemos la magnitud de la crisis que enfrenta Estados Unidos y el impacto que tendrá en la economía mundial; muchos economistas definen este colapso como “la caida del muro de Berlín en el aspecto financiero” .
Las consecuencias en definitiva afectarán más a las economías dependientes – como latinoamérica y México-, que aquellas donde se blinda el sistema financiero. Debemos estar concientes que “el crack liberal” es de grandes proporciones, por lo que debemos estar preocupados, muy preocupados.
Esta crisis se comenzó a engendrar en los últimos años, por el fácil acceso al crédito, sustentado en un notorio exceso de liquidez, en el marco de una supervisión laxa. El crédito se expandió prácticamente a todo aquel que lo solicitaba, incluso a quienes no estaban preparados para tomar la responsabilidad de pagar.
Los bancos de Europa y Asia han empezado a tomar cartas en el asunto al inyectar más de $260,000 millones a los mercados financieros. Además, junto con
Esta catástrofe estadounidense, conocida como la “crisis hipotecaria”, se está llevando de encuentro a grandes instituciones financieras. Para salir del atolladero, se destinan $30,000 millones para salvar la venta del banco de inversión Bear Stearns; $200,000 millones para respaldar a Freddie Mae y Fannie Mae; y $85,000 millones para mantener a flote a la compañía de seguros AIG. Ellos se suman al colapso de Lehman Bros. y la venta forzada de Merril Lynch al Bank of America o Wachovia Bank. El paquete total costaría a los contribuyentes alrededor de $700,000 millones.
Y en medio de esta situación se encuentran los candidatos presidenciales, quienes su política será con tendencia a rescatar la economía americana, que puede equilibrarse en unos dos a cinco años. México tiene que estar listo para lo que viene, el crecimiento estimado se vera seriamente afectado, todo apunta a un crecimiento menos del 1% y mientras Carstens y Ortiz se pelean por los centavos, mi pueblo conocerá los efectos secundarios…
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