
Estas fechas tenían que ser de unidad nacional y patriotismo, debimos entonar un ¡Viva México cabrones!, pero éste dos mil ocho, no fue así. Lo sucedido en el estado de Michoacán es algo que no tiene nombre y que si lo tiene, no lo debemos mencionar: terrorismo.
Ese terrorismo ya llegó a México y las consecuencias serán devastadoras para usted, para mí, para cualquiera. La lucha ha rebasado esa línea entre narcos y ejercito mexicano, entre bandas delictivas y policías federales. Hoy, las victimas, es la sociedad civil.
Ese terrorismo que lo veíamos hace años con
Es el terrorismo que se manifestó también en Madrid y en Londres por medio de explosivos en contra del transporte colectivo metro y que implicó la caída del Partido en el poder de Aznar, y secuelas en la carrera política de Tony Blair. Hoy, el terrorismo llega a México -exportado del continente americano o europeo-, toma forma como mexicano.
Gianfranco Sanguineti, en su ensayo Sobre el terrorismo y el Estado menciona que “todos los actos de terrorismo, todos los atentados que tuvieron y tienen cabida en la imaginación de los hombres, fueron y son o acciones ofensivas o acciones defensivas. Si forman parte de una estrategia ofensiva, hace tiempo que la experiencia ha demostrado que están siempre destinados al fracaso. Si forman parte de una estrategia defensiva, la experiencia demuestra que estos actos pueden conllevar algún éxito, pero sólo momentáneo o precario (sic)… En cualquier caso, no es sólo la estrategia lo que cambia, según se trate de un terrorismo ofensivo o defensivo, sino también los estrategas. Son los desesperados y los ilusionados los que acuden al terrorismo ofensivo; al defensivo, por el contrario, siempre y solamente los Estados, bien sea porque están en pleno centro de una crisis social grave, como el estado italiano, o porque la teme mucho, como el Estado alemán”.
Y resalta la importancia de un estado donde se inicio el combate al crimen organizado, y que da la casualidad que es el estado donde nació el presidente de
¿Casualidad o coincidencia? No lo sé, el hecho es que el acto esta consumado, siete muertos y cien heridos aproximadamente. ¿Seguiremos con el mismo discurso enérgico? ¿Seguiremos esperando que el Estado -con todo el poder que dejó ver en la plaza de la constitución- actué en forma directa? ¡Basta ya! Es el grito que ha suplido el siempre vivido, el siempre querido… ¡viva México!
Comentarios
El terror y las acciones de él derivadas, a mi parecer, no pueden ni deben tener justificación; máxime, cuando en el tránsito se llevan a quienes ni vela tenían el entierro (sólo en término metafórico).
El terror no es nuevo en el continente: baste recordar las guerrillas de los 60s, 70s y 80s en América Latina. Pero más allá de esas experiencias, el hecho mismo es que las acciones son lidereadas por los cárteles de la droga: instituciones por default beligerantes, a quienes poco importa dañar a inocentes en el camino. Así, que de entre todas las posibilidades, México ha comenzado a experimentar la peor de las alternativas posibles: la narcoviolencia.
Y quizá suene pesimista, pero creo que todavía no tocamos fondo; y eso es, amigo mío, lo que más me preocupa. Suenan, y muy fuerte, tambores de guerra.