Hoy día, las mujeres empiezan a ocupar puestos importantes y trascendentales en el mundo contemporaneo ; la clase política tiene varios ejemplos; la clase alta hace un énfasis por vivir entre Caras y Holas como orgullo de su generación.Pero hay una clase donde se pensaba, los hombres eran únicos quienes manejaban y operaban esa vida de lujos, placer y excesos. Hasta que una diva logró seducir el encanto del poder y del dinero dejando así un mito: el de Sandra Ávila Beltrán.
Muchos dirán ¿Quien es ella? Pues es la mujer que pudo conquistar ese mundo del narcotráfico, anfetaminas y éxtasis ejerciendo un poder de millones de dólares. Hago mención de ella, porque Julio Scherer García ha escrito un libro imprescindible para todo aquel que quisiera descubrir el otro lado del narcotráfico, ese que sólo se ve en una clase dominante.
La Reina del Pacífico, es hora de contar confirma la indignante relación cotidiana entre los capos de la droga, los policías y los militares; duda de que los muertos y el dinero invertidos por la sociedad y el Estado mexicanos durante los últimos meses sirvan de algo para contener a la Hidra de Lena; y demuestra que la corrupción es el origen de ese monstruo ingobernable. Sin hacerlo explícito, cada una de las historias que teje la dama hacen ver qué tan ridículas, demagógicas e ingenuas son las acciones del gobierno de Felipe Calderón: la militarización sin labor de inteligencia, la persecución que no hurga en el sistema financiero.
La Reina es una mujer seductora, que utilizaba sus atributos físicos como una llave para consumar negocios y conseguir aliados, incluso a nivel policiaco, amante de la vida social, de las joyas y del placer que sólo el poder da. Es protagonista y antagonista de una vida que probablemente sea suya.
No es una Biblia del narco, tampoco un diccionario básico, pero en todo el contenido refleja como es la operación, el teje y maneje de las negociaciones y en dónde ella era participe del cierre. Así también la interacción que existe entre ese poder fáctico que es el narco, y el Estado mexicano.
Es acusada de narcotráfico, delincuencia organizada y operaciones con recursos de procedencia ilícita. Esta ligada al cártel colombiano así como a los cárteles mexicanos de Sinaloa y Juárez. Pero también se le puede acusar de ser una mujer culta, cautelosa e inteligente para responder con un toque intelectual, arrogante pero a la vez autentico.
Entre líneas, el autor señala que Sandra Ávila no es una más de la sociedad narca: los Arellano Félix, el Chapo Guzmán, los Beltrán Leyva, todos ellos la conocían y le guardaban un respeto, ese respeto que se pide y se exige dentro de esa élite, dentro de esa clase… la sociedad narca.
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