
Permítame contarle una historia en tres actos: Primer acto: Los candidatos se registran para aspirar a ser presidentes; segundo acto: la elección es un cochinero cómo ellos saben y conocen; tercer acto: impugnan ante un Tribunal Electoral porque ambos se acusan de no mantener los principios “democráticos” que su mismo partido tiene por siglas. ¿Cómo se llamo la obra?
Ni Carmina Burana que se presenta en ésta ciudad capital puede quitarle lo interesante a esta obra que a estas alturas, ya no importa el título; sino los actores, la conquista por el poder y la manera en la que el Mesías del Trópico es derrotado por una Nueva Izquierda moderada y dispuesta al dialogo.
Parece ironía de la vida: los perredistas que en el 2006 cuestionaron las instituciones y que uno de ellos hasta las mando al Diablo, acudieron al Tribunal Electoral del Poder Judicial para acatar su resolución donde le da la victoria al candidato Jesús Ortega acerca de las cuestionadas elecciones de marzo pasado.
Hoy, vuelven a cuestionar una resolución que nos les favorece, vuelven a cuestionar a una Tribunal Electoral que sólo interviene a petición de parte, esto es, cuando es solicitada por una parte y que siente tener un derecho afectado.
Buscando siempre el hilo negro y radicalizando un movimiento donde no favorece a la izquierda mexicana, Alejandro Encinas toma una postura que su maestro, su luz, su sombra, ha tomado en estos dos años ante un gobierno reconocido legalmente: espurio e ilegitimo.
¿Qué sucede con esto? Probablemente el costo político electoral para el PRD se refleje en el 2009, cuando vuelvan a ese 15 o 18% que siempre han tenido. El trabajo de Acosta Naranjo fue bueno, y creo que favoreció a su institución política ante esa militancia que se decepcionaba cada vez más de su partido “partido”. Esperemos que con el triunfo de Jesús Ortega se inicie una etapa de dialogo y negociación, por el propio bien del PRD y que vuelvan las aguas y las tribus a su estado natural.
Por lo pronto la obra finaliza: se ve a un AMLO se queda en silencio escuchando Oh Fortuna; Noroña interpretando a un Rigoletto enfermo de poder y mezquindad con él a Dolores Padierna cantando como una prima dona: La obra ¡Ya ni
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