
En el siglo XXI, México sigue siendo fuente de inspiración literaria y cultural en estricto sentido. Forma entre sus aires del Distrito Federal el resplandor del México antiguo para rescatar al México nuevo, mostrando entre sus calles que la vida de sus construcciones tiene alma; que las plumas que escriben lo real, lo ficticio, transforman la conciencia de la sociedad. Piden ser un testimonio a través de sus destacados novelistas, ensayistas, cronistas y poetistas admirados por el mundo moderno.
Me siento digno y orgulloso representante de mi gen, de mi origen, de mi forma. Muchos países se ostentan como los mejores, los primeros, los únicos. Su fortuna radica en dólares y euros, sin embargo, debo admitir que desconozco si ellos han tenido bajo su peso, la nacionalidad que hombres como los nuestros, mexicanos de alma cuerpo y mente, donaron para ser admirados.
Bajo el cobijo revolucionario, tenemos a Mariano Azuela, un mítico personaje como lo fue Zapata, Villa, Madero. Su novela más reconocida "los de abajo" es catalogada como la mejor fotografía literaria de aquella época. Siguiendo a las manecillas del tiempo, debo rescatar y hacer mención de la escuela donde se formaron los grandes positivistas mexicanos: el Ateneo de la Juventud. Aqui surgieron entre sus pilares Antonio Caso, Alfonso Reyes y José Vasconcelos, el apóstol de la educación en México donde su trayectoria brilla más sobre asuntos públicos que literarios, pero su nombre y su fuerza siguen recordando que por mi raza, hablará el espíritu.
Siguiendo el compás de los recuerdos, llega un momento formado por los grandes muralistas mexicanos: Diego Rivera y José Clemente Orozco seguido por David Alfaro Siqueiros. Hombres que, fieles a su naturaleza, quisieron ser recordados por sus pinturas monumentales y excelsas. Basta acudir a Palacio Nacional para saber el México en tiempos.
Así ya, llegando a los años cincuentas, el boom latinoamericano fue tocando suelo azteca y los que tomaron el renacer literario fueron Juan José Arreola, José Gorostiza, Rosario Castellanos, Pita Amor, Carlos Pellicer y Jaime Sabines quienes a través de sus escritos, dejan claro que México sigue vivo.
Mención aparte debo hacer con el Señor, por el Divo, por el Grande... Octavio Paz. Basta saber que es el único mexicano galardonado con el Premio Nobel de Literatura. Sin más por redactar solo queda leer el laberinto de la soledad, una obra donde ubica perfectamente la identidad del hombre mexicano.
Hoy, nuestros últimos hombres de pie, les queda el peso mismo que la historia escribe cada día sobre ellos. Carlos Fuentes, Luis Villoro, Sergio Pitol, José Emilio Pacheco, Lorenzo Meyer, Enrique Krauze, etc.
Pido perdón por aquellos que me faltaron mencionar y que han sido grandes en diferentes categorías, tanto musicales como pictóricas, como historiadores y cronistas, pero ninguno son de menor importancia ya que siguen siendo fuente de inspiración para muchos mexicanos que como yo, queremos ser parte de la historia escrita... en pocas palabras.
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