
Cuando la Iglesia Católica, tuvo su expansión evangelizadora en nuestro país, las opiniones de los ministros de culto eran incuestionables dentro del sistema político, puesto que las decisiones emanadas por ellos, venían directamente de la palabra de Dios. Así nos lo hicieron creer por mucho tiempo hasta que Benito Juárez dividió ese binomio constituido gracias a las leyes de Reforma.
Hoy, a doscientos años de vida independiente, la institución cristiana ha dejado heridas en la sociedad, ha formado ideologías arraigadas, ha instaurado una visión utópica dentro de un país progresista.
La vida política se ha alejado de la vida púrpura; los personajes trascendentales ya no son Fray Pedro de Gante o Motolinia o el gran Fray Servando Teresa de Mier, sino Norberto Rivera y el Episcopado Mexicano; con la diferencia de que ellos formaron la historia del México independiente y estos buscan inmiscuirse y enredarse en el México Incluyente.
La decisión de la Suprema Corte de Justicia de la Nación en permitir la adopción a personas homosexuales y lesbianas ha levantado polémica dentro y fuera de los pilares eclesiásticos y quien de todos ellos, el más controvertido es el cardenal Juan Sandoval Iñiguez, un viejo clérigo con postura radical aspirante a ocupar un puesto importante dentro de la Conferencia Episcopal Mexicana.
El cardenal Sandoval se ha referido en varias ocasiones de manera discriminatoria la situación por la que atraviesan las mujeres y muertas de Juárez, los hombres sin empleo y ahora los homosexuales por lo que es considerado un prelado de poca tolerancia cívica.
Ha osado inmiscuirse en asuntos de Estado, que le competen al Estado y que son propios del Estado. Una vez más, los ministros de culto interfieren y opinan en temas que tutela y protege la Constitución y que los únicos responsables de interpretarla son los ministros de la Suprema Corte.
¿Y el Estado de Derecho? ¿Y la justicia en dónde queda? El monseñor no es la primera vez que ataca de manera directa a grupos sociales, y la ley... bien gracias. No tiene un título nobiliario ni tampoco es representante del pueblo, es solamente un predicador. Si bien es cierto que la SCJN en ocasiones sus decisiones no han sido las propias de justicia, son inapelables y el debate en la cual se acepta la adopción entre parejas homosexuales ha sido un esfuerzo consensuado para darle mayor caractér al ser humano como especie.
Sí, esta vez no será una disculpa pública la que ofrezca el Cardenal de Guadalajara para aquellos agredidos por sus palabras, pero lo cierto es que su vocación y la manera por la que se comporta, no es la de de un sucesor de San Pedro, pues para ello le falta la bendición del pueblo. Esto es palabra del Señor... Iván Reyes.
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