
En los últimos meses, el Partido Acción Nacional ha presentado a la ciudadanía a siete “presidenciables” que, por lo menos para la sociedad, no tienen ningún sello distintivo de ganadores.
Felipe Calderón, a pesar que dicen que tiene un delfín con él tratando de impulsarlo, ha mantenido la esperanza de un candidato ciudadano, porque a todas luces se ve que los que están, no dan el ancho para ganar una elección que pondrá fin al gobierno panista.
Los más rescatables entre ellos, es Santiago Creel, Ernesto Cordero y Josefina Vázquez Mota. En materia que nos ocupa, Cordero es un candidato de bajo perfil, flojo, sin personalidad y con una imagen tan más apática como sus comentarios. A pesar que ha buscado a la militancia panista y ser respaldado por la mayoría, no logra alcanzar los niveles de aceptación que cuentan sus dos próximos contrincantes.
Seria un error si el PAN acepta a Cordero como candidato a la presidencia, ya que con él no solamente caería a un digno y ejemplar tercer sitio, sino que toda la confianza que aun la sociedad tiene por el partido, se vendría abajo. Que tal vez eso merezca el partido azul, así fue como se recuperó el PRI hace exactamente doce años.
Por un lado, se tiene a un Santiago Creel que repite la formula de contender por la presidencia, como lo hizo con Felipe Calderón. Hoy, seis años después, Santiago cree tener la fuerza de iniciar una campaña agitadora, pesada y con mucha carga política. No se enfrentará con un pequeño dinosaurio o un gran mitotero. Sus adversarios tienen algo en común: son jóvenes y es lo que México necesita, rostros jóvenes en la política.
Josefina Vázquez, viene a dar un color rosa a la política mexicana. No porque tenga el valor de ir en contra incluso de su partido para ser candidata y con una buena propuesta política que puede dar ruido dentro de ella, sino que rompería con la línea en la cual Felipe Calderón se mantiene: combatir al crimen organizado.
¿Una mujer presidenta? No suena mal en un país donde se tiene un 52% de la población femenina. Su cercanía con Secretarias de estado como Educación Pública y Desarrollo Social, tuvieron que tener un efecto óptimo en ella para decidir ser propuesta y alcanzar la candidatura interna.
Son tres candidatos, tres alternativas. Pareciera que son rostros iguales pero con visión distinta. Uno desea ser candidato por capricho sabiendo que perderá, el segundo quiere curar ese orgullo que lo dejó a un lado hace seis años pensando que tiene energía para 45 días, y el tercero, con tacones y traje sastre desea imponer un proyecto alternativo donde la sociedad sea la benefactora de aquello que existe pero nadie desea presentar: igualdad.
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