
El 3 de julio repetiremos una vez más unas elecciones donde serán un espejo de lo que acontecerá en el 2012, y que muy posiblemente el partido tricolor tenga ventaja por mucho a cualquier candidato de oposición.
Para aquellos que no viven en los Estados Unidos Mexicanos, el Estado de México –una entidad federativa- es la más representativa junto con el Distrito Federal, porque su composición territorial le permite ser un estado multifacético. Aquí, se decidirá por el futuro gobernador. Muchos ya hablan de un fraude electoral cuando aun no saben los resultados de la misma, o una nulidad de actuación por parte de un candidato, etc.
Haciendo un recordatorio de los “fraudes en México” éstos han sido frecuentes y comunes en la historia misma: desde Guadalupe Victoria, Vicente Guerrero, Benito Juárez, Porfirio Díaz y Francisco I. Madero.
Cómo olvidar los pasos de aquella “dictadura perfecta” en la que la mayoría de los presidentes priistas, se vivió en una impunidad absoluta en cuanto a elecciones se refiere; las elecciones de José López Portillo, Luis Echeverria, Miguel de
Para el 2006, las elecciones presidenciales entre Felipe Calderón y Andrés Manuel López Obrador se manejo como un fraude de Estado en contra del candidato izquierdista, afirmando que le habían robado la presidencia. Sin embargo, este cuadro ha quedado bajo la historia y marcando una vez más que los fraudes en México, siguen vigentes.
Siempre han existido grupos de poder contrarios pero con el mismo peso en México; desde escoceses y yorkinos, insurgentes y centralistas, liberales y conservadores, republicanos y monárquicos. Todos ellos han cohabitado en el fraude electoral y han dejado su huella en el país que somos.
Sí, para aquellos que han olvidado que somos un país fraudulento, la historia misma nos recuerda. No han bastado las reformas políticas que se han hecho, como la de Jesús Reyes Heroles o la del 1997, éstas, solamente han servido para diversificar a la política pero no para darle la legitimidad y el significado que se le debe –por derecho propio- dar.
Las elecciones en México se han vuelto poco creíbles y confiables, se han convertido en una falta de interés ciudadano, esta existiendo una desmotivación y desviación de la política y, aunado a ello, una carga para el estado mexicano por los excesivos gastos de campaña.
Veremos qué sucede en esta antesala del 2012, que se conduzcan como debe ser, al margen de la igualdad, equidad, libertad y conocimiento de causa. Es tiempo de darle una diplomacia a la política, un respeto a la profesión y a la vocación, esa que por mucho tiempo ha sido “defraudada” por aquellos que la ejecutan.
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