
Pareciera que México está viviendo una época de la historia en la cual existían reyes poderosos, dominios completos y súbditos obedientes que necesitaban de aquél para subsistir. Para los que viven de la política, existe una reina -y no del sur- que su historia empieza a escribirse.
Esta reina no es hija de un gran rey como Enrique VIII, quien hizo de Inglaterra lo que hoy sabemos; ni tampoco es heredera de los reyes católicos que construyeron a la España de aquellos días y glorias. No, nuestra reina mexicana viene de abajo, de la raíz, del lugar donde el poder solamente se conoce entre maestros y no más. A partir de los noventas, la dama y condesa ocupó el magisterio de la Educación, liderando a todos los docentes del país.
Su poder creció, se acumuló y se expandió más allá de territorios poco poblados, logrando acuerdos, alianzas y negociaciones que solamente una mujer con el talento necesario hubiera podido alcanzar. Se hizo amiga de los dueños del poder en México, conquistando y encabezando ceremonias, logros, distinciones, haciendo saber que ella se convertiría en la dueña de México.
Es impensable que un partido –sea del color que sea- no se acerque a ella para pedirle su apoyo en ganar elecciones. Saben que con mover un dedo ella da órdenes para movilizar a secciones magisteriales y así coaptar más poder del que ya tiene.
Quienes conocen, saben o intuyen, su nombre representa un feudalismo del siglo XXI, capaz de expandir su dominio. Enemigos, muchos; aliados, pocos, íntimos, ninguno. Elba Esther Gordillo, mujer, talentosa, política, cínica, poderosa, traidora, inteligente, fuerte, débil y adjetivos que deseen, ella es la reina de México.
No hace falta títulos nobiliarios para saber quién es, ni tampoco corona y espada que simbolicen su gloria y destrucción. Ella todo lo que toca lo vuelve fuerte o lo aniquila. Ya dio su primer golpe; decirle no a la alianza en la siguiente elección con el PAN y para demostrar que así será evidenció a un incondicional como Miguel Ángel Yunez como traidor y convenenciero.
Hoy, la Reina empieza a moverse como trebejo y sacar de la jugada a alfiles, peones, torres y caballos, para pronto sacar –junto con el PRI y PANAL- al partido azul de un castillo donde a ella lo que menos le interesa es ser propietaria de los Pinos, ella desea mantener lo que tiene y ser considerada como la señora, dueña, conquistadora, mujer y reina del PRI, PANAL y… SNTE
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