Continuando con nuestro seguimiento acerca del debate político, jurídico y social que implica hablar de Petróleos Mexicanos, hemos visto pasar el misil político proyectado para Iván, -como le dicen sus amigos cercanos- y que el señor Lopez se encargo de dar en el blanco, justo cuando la reforma energética venia a ser la punta de lanza y carta de presentación para el presidenciable panista siendo Secretario de Gobernación y principal interesado en cabildear con las fuerzas políticas de este país.Mucho o poco que haya sido, o tarde o temprano de lo que haya dicho a los medios, Juan Camilo admitió que “antes de firmar cualquier documento verificó que ese documento que voy a suscribir sea por el lado legal, y mi participación suscribiéndolo también lo sea; ese documento, que sí es autentico, fue firmado y es absolutamente legal, y no hay ninguna participación ilegal de mi parte”.
Su reacción tardía hizo especular que realmente obtuvo favoritismos para él y su empresa y hacer de Andrés Manuel el lobo herido que lo ha sido desde que perdió la presidencia. Hoy ese ataque contra Juan Camilo esta dado, y se debe preocupar por el recuento de los daños causados. El golpe del lobo, justo cuando se empieza a “debatir” si es que habrá la reforma energética que tanto necesita PEMEX ha dejado secuelas y probablemente la desconfianza de mucha gente que aun sigue pensando que la política apesta por culpa del clientelismo político.
Sin embargo, aquí otra clara sapiencia que en política aplica: “no importa como lo hagas ni a quién lo hagas, sino en donde lo hagas y cuanto daño causes” y para ello, las instituciones están inadvertidas sobre esta situación. ¿Por qué Andrés Manuel quiso hacerlo públicamente y mostrar contratos en plena concurrencia perredista? Por obvias razones: el golpe es político y no jurídico, él sabe que solo gana mediante la gente en masa, aquella que cree en el Mesías del Trópico y no en las Instituciones judiciales, que en su caso tenía que ser la PGR o alguna autoridad competente para deslindar o corroborar posibles delitos a la Nación o al Estado mexicano.
Como lo dijo Juan Camilo, son contratos legales y auténticos, y que están bajo el amparo del Derecho, y corresponde a las leyes, bajo su interpretación, si su firma y su cargo que ocupo en el año del 2004 le prohibían firmar documentos privados.
Ahora le corresponde sacar la casta y no dejarse amedrentar por aquellos que no construyen el futuro de México y debe saber que el cargo que ocupa debe estar a prueba de balas, a prueba de siniestros, de incendios, pero sobre todo de maremotos que propios y extraños le puedan sacudir. Como decimos los universitarios; le dimos su “bienvenida “.
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