
Hace 2 años, México vivió una de sus peores crisis en cuanto al proceso electoral y que, actualmente, ha dejado huella en la manera de padecer la credibilidad de las instituciones.
Hoy, como hace dos años, sigue vigente el debate sobre la legalidad de Felipe Calderón contra la ¿legitimidad? del señor López. Ambos, principios fundamentales para la existencia de la democracia.
Hoy, como hace dos años, sigue vigente el debate sobre la legalidad de Felipe Calderón contra la ¿legitimidad? del señor López. Ambos, principios fundamentales para la existencia de la democracia.
El proceso electoral que vivimos los mexicanos hace dos años, ha sido uno de los más importantes por lo menos de la historia moderna de nuestro país y de análisis para los estudiosos de la política.
Por primera vez se confrontaron dos proyectos alternativos de nación – ojo, fueron proyectos, no partidos- completamente diferenciados e igualmente apoyados, alejados de la postura priista que siempre se mantuvo gris en cuanto al fondo y a la forma.
Todo indicaba que el 2 de julio sería una carrera ríspida, aunado a ello, esa “guerra sucia” entre candidatos; por una parte el PRI que intentaba recuperar la presidencia, el PAN que buscaba mantenerla y el PRD que pensó tener el candidato adecuado para hacer historia y pasar a la historia con la ideología izquierda.
La historia es de todos conocida, esta en las calles, en las manifestaciones, en los espacios públicos. Felipe es hoy, Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, independientemente de su forma por llegar al poder, el Tribunal Federal Electoral lo reconoció, le dio ese valor de legalidad constitucional, aunque la legitimidad... se la tenga que ganar.
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