
El 2 de octubre de 1968 es una fecha donde todos los medios de comunicación escriben lo que hace un año entintaron, relatan lo que en muchos documentales ha pasado, y hacen del recuerdo, una vivencia presente.
Ese día el movimiento estudiantil fue reprimido de la forma más sangrienta, cruel y despiadada donde se le ha llamado la Matanza de Tlatelolco o de las Tres Culturas.
Este movimiento estudiantil iniciado en Europa con las ideologías socialistas, marco una etapa histórica ya que el movimiento de los sesentas, existió un clima donde la juventud se dedico a “fumar” pero también a “protestar”.
Y es que los sesentas hicieron grande a Los Beatles y a Janis Joplin; hizo que los movimientos sociales adquirieran cada vez mayor importancia en América Latina y Cuba declara su revolución a Batista.
Los sesentas vieron la otra China, esa de Mao Tse donde su "Revolución cultural", transformó la costumbre y la historia de este país. Fueron los sesentas para el mundo, la decada de las evoluciones, de las transformaciones y manifestaciones. Las movilizaciones culturales y políticas invitaban a una participación amplia de las masas.
Las sociedades occidentales estaban preparadas para el cambio, para un movimiento postrevolucionario con ideas, no con armas. Es así como saltan los acontecimientos de Mayo de 1968, primero los universitarios y los trabajadores en Francia y después, movilizaciones, protestas. Esos movimientos sociales marcaron un antes y un despues en cuanto a lo que hoy llamamos... participación ciudadana.
Sin embargo, hoy esos movimientos dejaron de ser fuerza, pasión y cambio. El Estado se encargo de callar a esa juventud con opio; se encargo de parar la protesta con violencia y modas americanas. Hizo que sus ideales por un desarrollo integral quedaran en fotos y videos, dejó que los culpables quedaran impunes y las victimas ocuparan escaños políticos olvidando la esencia del 68: Justicia.
Por ello, 1968 no se debe olvidar, ni debe pasar desapercibido para México, ni para el mundo moderno. Es aquí donde el 68 se vuelve historia mundial, no por el hecho de haberla vivido, sino por el hecho de haberla sentido.
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