Tal es la sorpresa ante el propio perredismo que ahora su máximo monstruo, Andrés Manuel López, dice si pero no, o para sus palabras, ¡Porque lo digo yo! La reforma energética ha despertado a un PRD redimido, a un PRI alternativo y a un PAN óptimo. Pero ha levantado el polvo y a un movimiento que “per se” debería ser critico, analítico y fundando sus intereses a lo que su líder exponía sobre el proteccionismo y la prohibición al sector privado. Sin embargo, hoy parecer ser una expresión que no tiene fundamento para existir, en palabras de Carlos Navarrete, un máximo influyente en las decisiones de su partido.
López logró ser un antagonista en esta reforma posible, pero no se ha dado cuenta que la propuesta petrolera tiene tintes suyos, tiene un espejo que refleja el sentido que él quería. El PRD fue astuto y supo sacar victoria de ésta, alcanzando acuerdos con el gabinete presidencial, pero López Obrador sigue, como lo estará, sin reconocer el éxito parlamentario y el gran consenso entre las fracciones políticas.
Felipe Calderón hizo un reconocimiento publico; Manlío Fabio felicito al partido de izquierda por tener esa “capacidad” de demostrar que primero es el país antes que cualquier interés particular; el PAN a través de sus coordinadores en las cámaras, exaltaron la voluntad política del PRD, pero Andrés López, aquel que quiere su espacio y tiempo… lo rechazo.
Él se dice un defensor de la patria, pero su actuar no se ve como tal. Se dice protector del petróleo, libertador y nacionalista, cuando sus acciones son más de división y autoritarismo propios del siglo XIX. En esta etapa en la que se busca una reconciliación entre la sociedad, él llega y dice no, ¡porque lo digo yo!
Basta conocer que su poder y fuerza es ficticio, no tiene un cargo público y por lo tanto, no se le puede condenar por el delito de usurpación de funciones. Su presidencia legítima es absurda y virtual. Hoy, sus seguidores intelectuales, algunos legisladores y fieles a la religión AMLO y hasta el delfín Marcelo Ebrard, le han dado la espalda a sus caprichos, a su necedad y a su terquedad. Saben perfectamente que la constitución y las leyes que de ella emanen deben ser respetadas, y que aquel que no las respete…que la nación se los demande.
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